Yo paso de prólogos, voy a empezar desde el principio.
Todo empezó con una mañana soleada de Sábado, Elena se vestía para asistir a una comunión. Sabía perfectamente que allí no conocería a nadie. Bueno en realidad es que, ella no era una invitada, sólo se había ofrecido de camarera para el banquete porque necesitaba ropa urgente, y como ella bien sabía; "Para presumir hay que sufrir". Se sonrió a sí misma en el reflejo del espejo. Se cepillo bien su coleta rubia* y se limpió el traje que tenía que llevar. Con dieciséis años y tenía que trabajar para comprarse ropa...
* Sí, estoy admitiendo que soy rubia.
Salió de su casa y no se molestó en decir nada porque todos dormían y por lo tanto se tendría que ir en autobús. Claro, tres hermanos mayores, dos padres y ninguno puede hacerle ni un regalo por su cumpleaños, ni llevarla a su "trabajo." ni nada de nada. Elena suspiró profundamente.
El autobús la dejó en el restaurante en unos cuarenta minutos, y menos mal porque ya le estaba poniendo nerviosa la señora que se había sentado a su lado. Bueno, era el momento, la gente estaba empezando a llegar y ella tendría que comenzar a servir. Cogió una bandeja y se fue acercando a las señoras que vestían elegantemente pero una voz masculina le habló por detrás:
- ¡Eh tú! Sirveme una Coca-Cola ¡Ya! - dijo exigentemente.
Elena se giró en redondo y tragándose su orgullo dijo con voz dulce:
- ¿Con hielo o sin hielo?
- ¡Con hielo! Pero corre.
Y con su enorme mano empujó a la camarera haciéndola caer al suelo torpemente.
- Oh Dios Mío, Pablo ¡¿Qué has hecho?! - la voz dulce de una chica joven corrió ha ayudar a Elena.
- No te preocupes, estoy bien. - decía ella con una enorme herida en la rodilla sangrante.
- Vamos te acompañaré al baño, y tú ya puedes pedirle disculpas a esta pobre chica.
- Lo.. lo siento - parecía avergonzado -.
Elena no esta enfadada, solo le dolía bastante la rodilla que había clavado en el suelo. Así que se dejó llevar por aquella preciosa muchacha que la estaba ayudando.
Una vez en los servicios se presentó:
- Gracias, soy Elena y tengo dos pies izquierdos.
- Ja,ja,ja, no te preocupes, soy Ainhoa y no tienes dos pies izquierdos, el manazas de mi amigo te ha empujado.
Elena sonrió, aquella chica le caía realmente bien.
- ¿En qué centro estudias? - dijo Ainhoa.
- Pues me acabo de cambiar, me voy al Santo Domingo
- ¡¿En serio?! ¡Yo estoy en ese instituto! Y por la apariencia diría que tienes...dieciséis años-
- Correcto. - sonreí.
- Genial, estaremos juntas. Me caes muy bien Elena, he venido aquí con una amiga y me vuelvo con otra más.
Como di alguien nos hubiese oído la cabeza de otra chica morena, alta y de ojos oscuros asomó por la puerta.
- Elena te presento a mi amiga Lucía; Lu, esta es Elena, Pablo la ha tirado al suelo y se ha hecho sangre.
- Siento la torpeza de mi hermano, encantada. - dijo Lucía.
- No te preocupes, yo también soy muy torpe. - respondió Elena.
- Lu, Elena se viene a nuestro instituto el año que viene.
- ¿En serio? ¡Eso es genial!
Elena mostró una sonrisa sincera, aquellas chicas eran geniales y ella tenía una suerte increíble, ademas de ser torpe a más no poder.
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