Continuó sirviendo comida en la comunión pero sus dos nuevas amigas de vez en cuando la ayudaban cogiendole la bandeja o detalles así. Elena terminó por fin cuando casi todo el mundo se hubo marchado. De camino a casa en el autobús pensó en lo que le había ocurrido, practicamente le habían caido dos ángeles del cielo. Uno era rubio y de pelo rizado, de ojos castaños y cara bonita, un cuerpazo increíble y amable desde el primer momento. Otro era moreno, de pelo generalmente liso, ojos castaños también, una adorable y bonita sonrisa y al igual que Ainhoa, un cuerpazo flipante.
Llegó a su casa, lo habitual. Su padre trabajando en su despacho, su madre poniendo lavadoras, su hermano en su cuarto, su otro hermano en la ducha y el otro... no sé donde. Se dirigió a su cuarto y se cambió. Se tumbó en su cama, cerró los ojos y hasta mañana a las ocho. {Eh! He hecho una rima!} Y así fue, a las ocho del Domingo le sonó el despertador, tenía que ponerse a estudiar o suspendería y eso no se lo podía permitir. Se sentó en el escritorio y comenzó a estudiar. {¡Qué estresante es estudiar a las ocho de la mañana!}. Cuando casi hubo terminado eran las doce y acababa de levantarse de la silla de su habitación para mirar el motivo de la vibración de su móvil. Un mensaje. El número no lo conocía.
"Hola Elena! Oye te apetece quedar? Ya sé que es Domingo pero así te contamos como van las cosas en el instituto y nos conocemos mejor. Lu y Ainhoa. "Tras la mañana que llevaba le vendría bien quedar con aquellas dos chicas, o de lo contrario le saldría historia por las orejas. De pronto, la canción de Twilight de Cover Drive la sacó de nuevo de sus más profundos sentimientos. Era su teléfono, alguien le llamaba.
- ¿Si?
- ¡Hola!
- Hola - dijo Elena alegremente.
- Oye cariño tengo un poquito de prisa ¿te viene bien a las 17:00 en la fuente de la plaza?
- Por supuesto, este móvil ¿de quien es?
- Es de Ainhoa pero ella está hablando por el fijo.
- De acuerdo, adiós Lucía.
- Llámame Lu, Elenita un besito.
- Otro para ti.
Colgaron ambas. Se notaba que se habían caído bien desde el primer momento porque se hablaban como si fuesen amigas desde hacen mil años, o al menos esa impresión le dió a Elena. Recogió su habitación y se puse unos shorts amarillos con una blusa blanca. Bajó al salón y sus hermanos se encargaron de entretenerle el día. Lo bueno de ser tantos es que la casa es más bien un circo.
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