domingo, 3 de junio de 2012

Tres.

Cuando terminó de comer con su familia, recogió su plato y cubiertos y se subió al baño para ducharse. Se vistió de nuevo y empezó a caminar, habían quedado en la plaza de... no le habían dicho en que plaza iban a quedar, genial... Cogió su teléfono y buscó el número de Ainhoa, pero se le había olvidado memorizarlos, bueno no importaba se suponía que tenía que estar en las últimas llamadas recibidas, no, allí no estaba, miró la configuarión, tenía desactivada la casilla de: Memorizar llamadas recibidas. *¡Mierda!* Ahora ¿a dónde iba? *Joder... Bueno iré a la plaza del ayuntamiento haber si allí las encuentro* pensó. Estaba muy cerca así que no tardó en llegar, allí no estaban. Se sentó en el filo de un banco, agachó la cabeza e intentó pensar, pero alguien, se cayó justo delante de ella y se levantó para ayudarle.
- ¿Estás bien? - preguntó Elena.
- Sí es que soy muy torpe. - el chico sonrió.
- Siéntate aquí, ¿me permites que le eche un vistazo?
- En absoluto - dijo levantándose el pantalón para mostrarle su rodilla.
- Uff... esto no tiene buena pinta... Creo que tengo un poco de algodón en el bolso y una botellita de muestra de alcohol.
- ¿De verdad llevas de eso en el bolso? ¿No eres demasiado precavida? - preguntó asombrado.
- Bueno... soy una chica muy torpe y me caigo con facilidad. - dijo Elena rebuscando en su bolso.
- Mira, ya tenemos algo en común.
Se miraron a los ojos y sonrieron. Él era un chico alto y de pelo moreno, sus ojos eran grandes y verdes, muy muy verdes. Era delgado y parecía fuerte. Tenía una sonrisa muy bonita y era divertido.
- Soy Mario.
- Yo soy Elena.
Ambos se dieron la mano.
- ¿Qué edad tienes Mario?
-  Diecinueve ¿Y tú?
-  Yo... yo tengo... quince...
De nuevo sus miradas se encontraron y se sonrieron.
De pronto el móvil de Elena sonó.
-¿Si?
- Oh... Elena menos mal, pensábamos que te había pasado algo.
*¡Mierda! Se me había olvidado...* Con lo de Mario se había olvidado de que no sabía en que plaza había quedado con Lucía y Ainhoa.
- Ainhoa, verás es que cuando salí de mi casa no sabía hacia donde ir, no me acordaba de la plaza que me dijisteis y fui a la del ayuntamiento y bueno aquí... se me ha pasado el tiempo volando - miró a Mario y le sonrió, él le devolvió la sonrisa -, ¿Dónde estáis? Voy para allá.
- En la plaza de los multicines, la que hay al lado del Virgen de Gracia.
- Vale, hasta ahora.
- Adiós.
Elena colgó y se dirigió hacia su acompañante.
- Me tengo que ir. Ha sido un placer conocerte, Mario.
- Igualmente, ¿crees que volveremos a vernos?
- Si queremos nosotros sí.
- Pues a mi me gustaría mucho conocerte. - dijo el chico sacando un papel de su cartera y escribiendo algo - este es mi número, pero no sé yo si me llamarás, ¿me das tú el tuyo?
- Por supuesto! - Elena rompió un poco el papel que le acababa de entregar, apuntó su teléfono y se lo tendió - Y que te mejores.
- Gracias a tu ayuda lo haré.
- Adiós Mario.
- Adiós Elena.

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