Pablo terminó de pedir las pizzas y se dirigió a la cocina a avisar al resto, pero allí sólo se encontró a Elena.
-¿Dónde está todo el mundo?
Elena se giró en rotundo tirando con ella un vaso de cristal.
- ¡Dios! ¡Qué susto me has dado! - dijo la chica llevándose la mano al corazón y justo antes de estallar en carcajadas. Pablo también rió. El chico se agachó junto a la chica mientras ella recogía los pedazos más grandes de cristal. Luego, se dirigió a una esquina de la cocina y con una escoba comenzó a barrer.
- Si llego a saber esto, vengo haciendo más ruido.- bromeó Pablo.
- Eso es una buena idea. - dijo Elena entre risas.
Terminaron de barrer y se dirigieron al jardín donde Ainhoa y Lucía estaban tomándo el sol.
- ¡Menudo jaleo habéis montado allí! ¿Todo por pedir unas pizzas?
Elena les contó su torpeza y todos terminaron de bromear cuando el timbre de la casa fue pulsado por un vendedor de pizzas cansado. Lucía y Elena se dirigieron con el dinero reunido por los cuatro amigos y dejaron a solas Pablo y Ainhoa.
- ¿Elena se va a vuestro instituto? - preguntó el chico.
Ainhoa asintió.
- ¿Te cae bien? - dijo entonces la chica.
- Sí, es buena gente... es como tú.
- ¿Yo? ¿Te parezco buena gente? - dijo Ainhoa con cara de incredulidad.
- Oh ¡Venga ya! Pues claro. Desde que te conocí. Siempre me has parecido ese tipo de chica que es amable y sensible, compresiva, bromista y sincera.
Ainhoa estaba flipando. Lu y Elena estaban en la cocina cortando las pizzas lentamente para que a sus dos amigos les diera tiempo a hablar.
- Vaya... no sabía que pensaras eso de mí.
- ¿Y tú? ¿Qué opinas tú de mí? - dpreguntó entonces el chico.
- Bueno yo... eres... eres...
Pablo rió y dijo:
- Tranquila, piénsatelo.
Y justo en ese momento Elena y Lucía llegaban con las pizzas.
- Bueno ya podemos cenar. - dijo Lu.
De repente a Elena le sonó el movil.
- ¿Si?
- Hola hija, ¿dónde estás?
- Mamá, estoy cenando en casa de Lucía. Espero que no te importe, luego me lleva Ainhoa.
- Bueno como quieras pero no vuelvas tarde.
- Sí, Mamá gracias, te quiero.
Elena volvió a la mesa pero allí se encontró solo a Ainhoa.
- ¿Dónde están Lu y Pablo?
- Han ido a la cocina a por bebidas y servilletas y a hablar de algo. - explicó la joven rubia.
- ¿Hablar de algo?
- Sí, es que son muy descarados. De pronto se intercambian miradas y se buscan una escusa para estar a solas. Bueno, a mi no me molesta.
- ¿Pero ellos dos son sólo amigos no?
Ainhoa pensó unos segundos y luego se encogió de hombros. La verdad es que entre Pablo y Lucía siempre había habido una muy buena amistad, pero... ¿Y si había algo más?
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