Todos empezaron por fin a cenar.
- Ainhoa, ¿estás bien? - le dijo Pablo a la chica que llevaba ya una buen rato sin hablar.
Ella, levantó la cabeza y contempló a su amigo.
- Sí, no te preocupes. - dijo esbozando una sonrisa bastante forzada.
- Voy al baño. - dijo entonces Elena, mirando a Lu descaradamente.
- Yo voy a llamar a mis padres. - dijo Lucía.
Ainhoa ni si quiera les miró.
Elena le dió un beso en la mejilla antes de irse y le guiñó el ojo a Pablo. Éste, en cuanto, las chicas se hubieron marchado, se sentó en el sitio de Elena, justo al lado de su amiga.
- ¿Te gusta Lu? - preguntó Ainhoa mirándole directamente a los ojos.
- No.
Silencio.
- ¿Ainhoa que es lo que te pasa?
- Me parece que eres sincero, guapo, compresivo, amable, divertido y una persona muy muy agradable.
- ¿Qué? - dijo el chico confuso.
- Me preguntaste que pensaba yo de ti.
Ambos se miraron a los ojos con toda sinceridad.
- Hay una cosa que pienso de ti, pero antes no te la he dicho - dijo el chico. -. Eres la persona que más me gusta del mundo.
Y, acercándose a sus labios, Pablo besó a Ainhoa y, durante unos segundos, ella se quedó petrificada, él se sintió liberado y sus labios se fundieron formando uno.
- Tú también me gustas. - dijo ella separándose de su amigo.
Mientras tanto, Elena caminaba por los pasillos de la casa buscando a su amiga Lu, cuando le sonó el móvil. Eran las nueve y media, era muy raro recibir llamadas a esa hora.
- ¿Diga?
- Hola Elena, soy Mario. ¿Te acuerdas de mí?
- ¡Pues claro que me acuerdo. ¿Qué tal estas? ¿Te has aburrido mucho estando cinco horas sin mí? - bromeó Elena.
- Pues sí. No dejo de pensar en tí.
- Eso será porque cada vez que te duele la rodilla te acuerdas de lo mal que te la he curado.
- ¡Qué va! Está como nueva. No sé que has hecho pero está perfecta.
- Trucos de mi madre. - dijo Elena sonriente.
- Oye, ¿Te apetece quedar mañana? - le propuso el chico.
- ¡Por supuesto!
- Genial, mañana nos vemos ¿en el centro comercial Neptuno te viene bien?
- Sí, ¿Pero luego me puedes traer tú?
- Claro no te preocupes. Adiós.
- Adiós. - dijo Elena.
La chica volvió al jardín, sus dos amigos ya llevaban quince minutos hablando. Le tenía que haber dado tiempo de sobra. En cuanto llegó se encontró a Pablo hablando con Ainhoa a una distancia muy corta de sus ojos.
Elena tocó en la puerta corredera de cristal abierta que daba paso al jardín.
- ¿Molesto?
Ambos se giraron y negaron con la cabeza. Elena no sabía que había pasado entre Pablo y Ainhoa, pero su amiga ya no estaba triste y eso era más que suficiente.
- ¿Diga?
- Hola Elena, soy Mario. ¿Te acuerdas de mí?
- ¡Pues claro que me acuerdo. ¿Qué tal estas? ¿Te has aburrido mucho estando cinco horas sin mí? - bromeó Elena.
- Pues sí. No dejo de pensar en tí.
- Eso será porque cada vez que te duele la rodilla te acuerdas de lo mal que te la he curado.
- ¡Qué va! Está como nueva. No sé que has hecho pero está perfecta.
- Trucos de mi madre. - dijo Elena sonriente.
- Oye, ¿Te apetece quedar mañana? - le propuso el chico.
- ¡Por supuesto!
- Genial, mañana nos vemos ¿en el centro comercial Neptuno te viene bien?
- Sí, ¿Pero luego me puedes traer tú?
- Claro no te preocupes. Adiós.
- Adiós. - dijo Elena.
La chica volvió al jardín, sus dos amigos ya llevaban quince minutos hablando. Le tenía que haber dado tiempo de sobra. En cuanto llegó se encontró a Pablo hablando con Ainhoa a una distancia muy corta de sus ojos.
Elena tocó en la puerta corredera de cristal abierta que daba paso al jardín.
- ¿Molesto?
Ambos se giraron y negaron con la cabeza. Elena no sabía que había pasado entre Pablo y Ainhoa, pero su amiga ya no estaba triste y eso era más que suficiente.
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