martes, 28 de agosto de 2012

Dieciséis

- Mamá, eso no es nada justo.
- Lo sé cariño, pero Papá ha hablado con Luis y es lo que hay. Lo hablaremos en casa. Ahora ve a clase.
- Adiós. - dijo enfurruñada.
Colgó el teléfono de secretaría y caminó hasta uno de los despachos que había en el ala oeste del instituto.

La clase de historia en la que estaban Ainhoa, Lucía y Dani estaba casi terminando y Elena no volvía, la chica de la última fila, no atendía a la clase. No hacía más que mirar el reloj.
- Para mañana vais a leer el tema y lo expondréis por grupos de cinco. Mañana explicaréis el tema mediante la forma que deseéis. La nota va ser la misma para todos los participantes del grupo así que preparaos bien porque va a contar lo mismo que un examen en la evaluación.
Todos murmuraban excepto una chica en la primera fila que tenía el brazo levantado.
- Dime Clara. - dijo el profesor indicando que era su turno para hablar.
- Preparar la presentación de un tema entero para mañana ¿No es un poco precipitado?
El murmullo constante daba a entender que la gente estaba de acuerdo con ella.
- No. - respondió cortante el profesor. Cogió sus cosas y se marchó.
La gente empezó a levantarse para cambiar de aula.
Elena entró chocando con todos los que salían.
- Eh Elena, ¿Puedo unirme a vuestro grupo para hacer el trabajo?
- Eh... ¿Qué trabajo?
- El de Historia, gracias por dejarme que me ponga contigo. Adiós.
La chica no tenía palabras. No paraba de tartamudear. Se acercó a sus amigos.
- Em... Eh... Ams...
- Elena tenemos que hacer un trabajo de Historia para mañana, por ahora estamos, Lu, Dani, tú y yo. El grupo tiene que ser de cinco. ¿Se te ocurre alguien?
- Eh... Por desgracia sí. Alex.
- Ni hablar, es el tío más creído que conozco.
Elena explicó exactamente lo que le había pasado hacía unos minutos. Sus amigos lo aceptaron a regañadientes, al fin y al cabo, no era todo culpa de Elena.

Tras una intensa clase de Naturales, los alumnos disfrutaban de media hora de descanso.
Sentados en las gradas, mientras miraban el partido que se jugaba entre diferentes cursos hablaban del plan para la tarde.
- En mi casa no se puede. - dijo Lu.
- Ni en la mía.- continuó Ainhoa.
- En la mía menos. Mis padres tienen visita.- explicó Dani.
- ¿Qué tal en la tuya Elena? - preguntó la chica morena que estaba abrazada al chico.
- ¿Eh? - salió de sus pensamientos. - Sí, venid a la mía. Voy a avisar a Alex. - dijo con un suspiro.
El joven alto estaba sentado en el banquillo, descansando. Al verla, sonrió de una forma desconcertante e hipnotizante a la vez.
- Hemos quedado esta tarde en mi casa para hacer el trabajo. A las cinco.
- Vale. Pero no sé llegar. Quedamos aquí a las cuatro y media y me llevas.
- Eh... Pero... Pero... - La chica no tenía ni idea de qué decir mientras el chico la empujaba por la espalda para llevarla a las escaleras que subían a las gradas.
- Adiós. - dijo Alex mientras corría de nuevo al campo.- ¡Eh tíos, pasádmela!
Se giró y le guiñó el  ojo a Elena que estaba atontada. No tenía ni idea de que le pasaba cuando estaba con aquel chico. Era como si se bloquease entera. Subió de nuevo a las gradas entre suspiros.
- No dejes que manipule. - le aconsejó Ainhoa.
Elena guardó silencio. Miraba a aquel deportista que jugaba tan bien al baloncesto, al que no conocía. Ella no tenía ni idea de lo duro que iba a ser trabajar con él.

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