miércoles, 15 de agosto de 2012

Catorce.

Caminaba por la acera camino al instituto. Pensaba en que en tan solo una semana todo habia cambiado. Su decisión habia cambiado. 
Hace unos meses. El sonido del inconfundible silbido del Señor Fernández hizo que toda la familia hiciese una pausa en su vida para una reunión familiar. 
- Familia, es el momento de tomar una decisión -directo al grano-. Nuestro amigo Luis me ha dicho que hay una bonita casa junto a la suya a la venta allí. Y que como hace años, el trabajo allí está asegurado. En el instituto privado, dejan entrar a los chicos a principios del segundo trimestre. Este instituto tambien tiene bachiller. Y la universidad es accesible mediante una bonita ruta en bicicleta -miró a su hijo mayor-. Si nos mudamos, sólo tendremos que mantener esta casa hasta Agosto de este año que llega. 
El padre de aquella peculiar familia pasó la mirada por cada uno de sus hijos y más tarde a su esposa, quien, ante el silencio de sus hijos decidió intervenir. 
- Dentro de muy poco cada uno ireis por vuestro lado. Unos a la universidad, otros con vuestras novias... Al final, solo quedaremos nosotros. 
- ¿Seríais felices? - dijo Elena con voz dulce. 
Sus padres asintieron y levantando la mano dijo lentamente. 
- Yo voto que sí. 
Poco a poco sus hermanos levantaron sus brazos hasta quedar todos de acuerdo. Aquel día el Señor Fernández llamó a su amigo valenciano, Clara comenzó a organizar, los mayores fueron informando a sus amigos y Elena se metió en su habitación, se tumbó en la cama y Se mantuvo en silencio durante horas y horas.
Una voz familiar la sacó de sus pensamientos. 
-¡Hola Elena!
- Hola Lu. 
- Hola preciosas. - Ainhoa llegaba por detras. 
- Chicas os debo una explicación. - Y así Elena se expresó de la mejor forma posible para que sus amigas comprendieran lo que había ocurrido. 
Sus amigas comprendieron en seguida y caminaron Escuchandola hasta sus taquillas. Entonces se separaron cada una a la clase que le tocaba. Ainhoa llegó al aula de la Señorita Gutierrez.
- ¿Dani? ¡Dios eres tú! Ayer no te reconocí. ¿Por qué no me dijiste que te aceptaron aquí? 
Ainhoa abrazó a su amigo.
- No lo supe hasta hace un mes y tú dejaste la playa hace dos.
- No me lo puedo creer. ¿Estás conmigo en Francés? 
El chico asintió y sonrió, se sentó junto a su amigo y se pusieron al día de todo. 
Por los pasillos, dos amigas hablaban. 
- Elena ayer... Me pasó algo increíble en la fiesta, antes de salir al jardín.
- Cuenta. 
- Estuve con un chico monisimo hablando y bueno no nos liamos ni nada pero creo que le gusto. 
- Eso es genial. ¿Cómo se llama?
Lucía se acercó a su amiga y en un susurro desveló el nombre del chico con el que pasó la noche anterior la mayor parte del tiempo.

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