domingo, 30 de septiembre de 2012

Veintidós.

- Mmm... Qué bien huele. - Lucía había despertado.
En la habitación no había nadie. 
Baja los escalones de la casa de su amiga uno a uno. La chica pudo distinguir las voces de sus amigas en la cocina, así que en silencio, abre la puerta y abre los ojos como platos. 
- ¡Dormilona! ¿Te gusta la sorpresa?
En la mesa del comedor se veían tostadas, fruta, mermelada, leche, zumo, magdalenas, bollos, donuts y crèpes.
- ¿Qué es todo esto?
- Es nuestro desayuno. Aunque lo hemos preparado para ti porque tienes que tener energías para tu cita. 
- ¡Mi cita! ¡Mario! ¡Las once! ¡Mi ropa! ¡Soy tonta! 
Ainhoa y Elena reían a carcajadas, su amiga no tenía ni idea de nada.
- Desayuna y te pones el vestido y los zapatos que hay en mi armario. Mario te recogerá a las doce. Desayuna de una vez que tenemos hambre. Y como mis hermanos se despierten van a devorar esto en menos de un segundo. 
Ninguna se lo pensó dos veces y comenzaron a desayunar. Sobró un poco de todo así que lo dejaron ahí para que los dormilones tuvieran para desayunar. Lucía se duchó y se vistió. En cuanto terminó sus amigas la estaban esperando con un rizador de pelo y maquillaje. La sentaron en una banqueta y Elena comenzó a ondularle el pelo y el flequillo. Mientras Ainhoa le hacía la sombra de ojos y le echaba un poco de rímel. Lo justo para que resaltaran sus preciosos ojos sin quedar excesivo. 
A las doce el teléfono de Lucía sonó.
- ¿Si? - esta vez lo cogió Ainhoa. 
Asintió y se despidió de quien quiera que hubiese llamado.
- Princesa, su carruaje le espera. 
La chica morena estaba hecha un gran manojo de nervios. Respiró profundamente y bajó al portal. Sus amigas la observaban desde el balcón. Iba preciosa, un vestido azul celeste, acompañado de un cinturón marrón y unas sandalias del mismo color. 
- Estás preciosa. - Le dijo Mario algo nervioso.
- Gracias. - espetó tímidamente.
Ambos montaron en un elegante coche negro. Ninguno habló durante el largo trayecto.
 Mario bajó y ayudó a su amiga a salir. Ella levantó la vista. Estaban en un prado verde, junto a una playa. Había un gran trapo extendido bajo la sombra de un árbol. En  él había una cestita de mimbre. Todo parecía una película romántica. 
Ambos se sentaron en el trapo, uno junto a otro, y se quedaron en silencio, mirándose y sonriendo. 
- Si te lo propones, eres muy rómantico.
- Es una de mis virtudes. - contestó él.
Y así entre risas empezaron a comer. Y es que, mientras llegaban, les habían dado las dos y media de la tarde.
Entre tanto las chicas estaban de compras por las tiendas que había junto al parque. 
Mientras Elena estaba en el probador, Ainhoa miraba las camisetas que había colgadas en las perchas. Eligió una y se dió la vuelta. El móvil le vibró y mientras lo miraba caminó hasta la puerta en la que su amiga se cambiaba. Caminaba hasta que chocó con algo, mejor dicho con alguien. 
- Hola Alex. 
- Hola Ainhoa. ¿Qué tal?
- Bien. ¿Has venido sólo?
- No, estoy aquí con Claudia, mi novia. 
Giró la cabeza y consiguió ver a Claudia, sí, la misma Claudia que había discutido con Mario la tarde anterior. 
- Hola. - decía Elena mientras se acercaba a los chicos. 
- Alex. ¿Que haces aquí?
- Ha venido con su novia Claudia. - dijo Ainhoa señalando a la ex novia de su amigo. Lo dijo como indirecta para que supiera quien era Claudia, sin saber que iba a desencadenar una gran depresión en su amiga.
- ¡¿Novia?! ¿Claudia?
De pronto los ojos se le empezaron a inundar de lágrimas. Busco a Alex con la mirada esperando alguna explicación que él no le supo dar. 
Elena salió corriendo mientras tiraba la camiseta que iba a comprar a la cara del chico. Ainhoa no entendía nada. Pese a eso, siguió  a su amiga, que corría sin rumbo mientras lloraba desconsoladamente.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Veintiuno.

Elena cogió el portátil grande, metió el DVD y colocó el ordenador en un pequeño baúl, de manera que vieran bien la pantalla desde el colchón. Entre tanto, sus dos amigas miraban el móvil.
- Tías, que fuerte. Estoy en la web del colegio.
- ¿Y?
- Que están haciendo obras en toda el área de la E.S.O. y no podemos asistir a clase.
- ¡Genial!
Ainhoa seguía revisando la noticia en su móvil atónita.
- Bueno callaros que empieza la...
El teléfono de Lucía interrumpió la frase de Elena. Era Mario. La chica lo bloqueó sin cogerlo. Sus dos amigas cruzaron las miradas pero decidieron mantenerse en silencio.
- ¿Cuál habéis puesto? -preguntó la joven morena.
- La proposi...- el mismo teléfono volvió a interrumpir a la chica, ella se acercó y miró el móvil.
Conocía el número, el mismo que aquel chico, una tarde le apuntó en un papel. Salió de la habitación ante la mirada atónita de sus amigas.
- Eh no, Elena, devuélmelo.
Pero ya había contestado
- Hola Mario.
- Hola ¿Elena?
- Sí, ¿Qué tal grandullón?
- Bien, ¿Y tú pequeñaja?
- Bien.
La chica miró a su amiga mientras sostenía el teléfono. Parecía preocupada.
- Eh... ¿Puedo hablar con Lucía?
- Mmm... ¿Contraseña?
- No me hagas decirla... - suplicó él.
- ¿Con-tra-se-ña? - insistía ella mientras ponía el altavoz sin que él lo supiera.
- Veo Pokemón cuando no tengo nada que hacer.
Las tres chicas estallaron en risas y carcajadas.
- Pasadme ya a Lu, pesadas.
- Vale... Un beso guapetón. - terminó de decir Elena mientras le tendía el teléfono a su amiga.
Ella se levantó y salió de la habitación.
- Tía.
- Dime. - decía Ainhoa.
- Tienen que salir. Pegan un montón.
Su amiga rió.
Pasó un rato y estuvieron hablando tranquilamente hasta que la puerta de la habitación se abrió y apareció Lucia sonriendo mientras se mordía el labio. Caminó en silencio hasta su sitio y se quedó callada ahí.
Sus dos amigas la miraban fijamente en silencio. Cuando por fin se dió cuenta.
- ¿Qué miráis?
- ¿Qué te ha dicho?
- Hemos quedado mañana.
- Uh... Una cita.
- No es una cita. - dijo cortante. - ¿Lo es?
- ¡Sí! - dijeron las dos chicas al unísono.
- Joder, por fin. - dijo Elena. - Estáis coladitos el uno por el otro. Lo poco que os conocéis y se os nota un montón.
Se había sonrojado.
- Mañana comemos juntos así que vosotras podéis iros por ahí sin mí.
Las chicas decidieron ver la película y ya hablar del tema mañana. En poco tiempo Ainhoa y Lucía cayeron en un profundo sueño. Elena cogió la sábana y las arropó para que no pillasen frío. Subió a la litera de arriba y, en poco tiempo se quedó también ella dormida. Por poco tiempo. Últimamente no dormía nada. Dió vueltas hasta que dieron las seis de la mañana, se levantó y se dirigió a la cocina. Tenía que darle tiempo a prepararlo todo para sus amigas.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Veinte

Las chicas llegaron a casa de Elena empapadas. La chica sacó sus llaves y abrió. Su madre las esperaba en la entrada.
- ¡Dios mío! Estáis chorreando, ni que os hubierais bañado en el lago. Vuestros padres han llamado - dijo girándose para dirigirse a las dos invitadas - dormiréis aquí. El padre de Ainhoa ha pasado por aquí, ha traído ropa para las dos, ha pasado antes por tu casa Lu. Subid y daros una ducha caliente para no resfriaros y yo mientras pongo los colchones.
La primera en ducharse fue Ainhoa. Lucía mientras, llamaba a su madre y Elena ayudaba a la suya a preparar la habitación.
- Dormiréis en la litera de tus hermanos y pondremos el colchón inflable en el suelo.
Su hija se subió a la litera y comenzó a poner las sábanas.
- Oye Mamá, ¿Qué harás tú en Elche?
- Un amigo de tu padre me ha dado trabajo en una tienda de ropa para mujeres de todas las edades.
- ¿En serio? ¡Eso es genial! Que sepas que en mi tiempo iré allí a adorar la ropa que vendas.
Su madre rió.
- Elena, ¿Me prestas tu cargador del móvil?
Lucía había salido de la ducha, tenía el pelo mojado y peinado, en la mano sostenía su ropa aún mojada. Isabel, la madre de Elena, se la quitó de las manos.
- Voy a tender esto.
Y con tantas prisas como había entrado se marchó. Su hija entre tanto terminaba de poner las sábanas de la litera de arriba para empezar con las de la de abajo.
- Elena ¡Quiero casarme con tu secador! - decía Ainhoa que entró por la puerta con el pelo seco.
Las tres reían mientras juntas colocaban las dichosas sábanas en el colchón inflable.
- Oye Lu, ¿Qué es lo que ha pasado con Dani? - preguntó la mayor de las tres chicas.
Lucía suspiró.
- Me pidió un beso. Y, preguntó si le gustaba.
-¿Y...?
- No me gusta. Se enfadó y se fue.
- ¿Quieres un consejo?
La chica entristecida, asintió.
- Dani como amigo es un sol. Pero todas las chicas con las que ha salido se quejan de que quiere que todo se haga como él dice. Así que, sigue siendo su amiga, pero no le hagas daño a tu corazón con una relación con él.
Ambas se abrazaron.
- Bueno feas levantad del colchón y elegid cama. - dijo la anfitriona.
- Arriba.
- Abajo. - dijeron al unísono.
Lucía subió ágilmente a la litera de arriba y Ainhoa se sentó en la de abajo.
- ¿Y por Mario? ¿Qué sientes? - quiso saber la chica del colchón inflable.
- Pfff... No lo sé. Tengo que aclarar mis ideas.
- Ainhoa, ¿Eso de Lu es una cara triste?
- Elena creo que sí. ¿Cuál es el remedio contra la tristeza?
- ¡Chocolate!
Las tres hablaron a la vez y acto seguido rieron.
- Yo me lo tomaré en tableta. - decidió la rubia de pelo rizado.
- Mmm... Yo lo prefiero en helado. - quiso Lucía
- Yo en taza y caliente. Así que... ¡Marchando un ritual del chocolate!
Desde pequeñas, las dos mayores del grupo veían películas románticas, en las que se decía que el chocolate se tomaba cuando una chica caía en depresión. Así que entre las dos le habían dado un toque mágico a esa tradición tan surrealista para convertirla en un ritual. Decidieron que sólo se tomaría en caso de tristeza. Le enseñaron aquella extraña tradición a su amiga y pese al poco tiempo que hacía desde que se conocieron, ya lo habían puesto en práctica tres o cuatro veces.
Así Elena subió a la habitación una bandeja con los tres tipos de chocolate que sus amigas habían pedido.
- Voy a tener que entrar en depresión más a menudo. - bromeó Lucía.
- Esperad chicas, mirad lo que he traído.
Elena sacó tres DVD's de una pequeña caja de cartón.
- ¡Películas de amor! - gritaron sus dos amigas al unísono.
Les esperaba una gran noche.


Diecinueve

Los sentimientos de aquel beso volaban de nuevo por la habitación diciendo mucho más que mil palabras. 
- Oye esto tenemos que hablarlo, ahora subamos. - dijo el chico para el asombro de la chica una vez separados. 
Entraron en la habitación en la que sus tres amigos llevaban ya un buen rato esperando. 
- ¡Por fin! ¿A dónde habéis ido a por los donuts? ¿A Narnia?- se quejaba Ainhoa. 
- Ha habido un percance con las servilletas. - explicó Alex con normalidad. 
- ¿Qué clase de percance? - quiso saber Lucía. 
- Uno que ha hecho que las cosas volaran por los aires. 
Todos creían comprender pero ninguno lo hacía en realidad. Y es que "Las cosas" que volaron por la habitación no eran precisamente las servilletas. 
Los cinco compañeros consiguieron terminar toda la tarea en una hora, dejando así libre el resto de la tarde. 
- Bueno chicos, son las ocho ¿Qué os parece si nos vamos al parque que hay junto a mi casa? 
- Vale.
- Me parece bien. 
- Vale, pero ¿Os importa que llame a Pablo?
- No. - la opinión del grupo fue unánime. 
Las chicas dejaron sus carteras y archivadores en casa de Elena y, con sus móviles y dos chicos acompañandolas se dirigieron al parque "La Arboleda" el lugar donde habían quedado con Pablo. 
El parque era una masa verde en el mapa de la ciudad, con un lago enorme lleno de patos y rodeado por árboles y arbustos. Con gente intentando ganarse un poco la vida haciendo magia o algún que otro espectáculo. Junto al lago, un adorable barecito en el que la gente paraba a descansar o comer. Todos los caminos llevaban a él. Bancos con parejas de ancianos echándoles de comer a las palomas adornaban los caminos. Los árboles plantados en césped daban sombra a los jóvenes que se sentaban bajo su copa a leer o descansar. Un parque limpio en el que todavía se veían restos de hojas otoñales caídas, que el viento aún no se había llevado. Puestos ambulantes de helados o perritos calientes recorrían aquel hermoso lugar siendo empujados por un humilde empleado deseando atenderte. Aquel era un lugar de ensueño. 
- Hola chicos y...
- Alex. - Ainhoa presentó al nuevo miembro del grupo ante su novio. 
- Encantado. - Los dos chicos se dieron la mano y entablaron conversación fácilmente. Dani se unió al interesantísimo debate sobre coches que a las chicas no les interesaba en absoluto. 
Entre risas las tres amigas se dirigieron a la sombra de uno de aquellos hermosos árboles que había junto al lago. Sentadas, desde aquel lugar se podían ver los patos que nadaban por la otra parte del lago. Pese a todo, el agua tranquila era limpia y clara.
- Eh Chicas, mirad allí. 
- ¿Quién es esa chica que va con Mario? - preguntó Ainhoa. 
Ninguna contestó a la pregunta pues estaban demasiado ocupadas mirando lo que ocurría. La pareja parecía estar teniendo una fuerte discusión. Lucía, Ainhoa y Elena permanecieron en silencio hasta que la chica que acompañaba a Mario le pegó un manotazo en la cara. Las tres amigas soltaron un grito ahogado.
- No sé cómo lo vereis pero voy a intervenir. 
- Lucía... Creo que no deberías... - opinó Elena. 
Pero cuando terminó de hablar la chica ya se había marchado.
- ¡Hola Mario!
- ¿Y esta quién es? ¿Tu nuevo rollo? - dijo la jovencita que acababa de agredir a su pareja.
Lucía estaba sorprendida no sabía que decir. 
- Claudia lárgate. - decía Mario.
- No gracias, prefiero esperar a ver como la enana esta te defiende. - dijo la chica mirando a Lu con aire de superioridad.
- Mira bonita, a ver si empiezas a cuidar un poco lo que dices. 
- Niña, mi novio y yo estabamos hablando tranquilamente cuando has llegado tú. - se defendió Claudia.
- Tú y yo no somos novios ni lo seremos nunca más. Y esta chica a la que llamas enana en unos días ha pasado a ser mas importante que tú en toda mi vida. Ahora lárgate de una puta vez.
Claudia se quedó callada durante unos instantes y mientras se marchaba murmuró. 
- Bah, no vales la pena. 
- Pues anda que tú... - susurró la preciosa jovencita que había junto a Mario.
- Gracias. 
- No hay por qué darlas. - dijo ella guiñándole el ojo. 
Juntos, caminaron hasta la sombra del árbol en la que estaban Elena y Ainhoa.
- Hola Mario. - las chicas se habían levantado para darle dos besos a su amigo.
- Hola. ¿Qué hacéis aquí? Pensaba que teníais un trabajo larguísimo. 
- Hemos salido a tomar un poco el aire, ya hemos terminado.
Tres chicos que habían estado junto a una fuente de agua debatiendo sobre coches y deportes se acercaron pero sólo uno saludó. 
- Ei Mario. Hola. - dijo Pablo.
Ambos se dieron un apretón de manos. 
- Dani, Mario, Mario Dani. Alex, Mario, Mario, Alex.
De nuevo, apretón de manos. 
Estaba empezando a anochecer y ya casi no había gente en el parque. Alex se colocó detrás de Elena y, disimuladamente la agarró de la cintura, la levantó y la colocó como si fuera un saco de patatas. 
- ¡¿Qué haces?! ¡Alex! ¡Suéltame! ¡Socorro! ¡Me están secuestrando! - la chica gritaba y pataleaba sin parar pero nadie excepto sus amigos la oían. 
- Dices que no nos vas a olvidar, pero, no sé yo si eso será cierto. Así que, ¿Qué mejor forma de recordarnos que dándote un chapuzón? - decía el chico mientras se esforzaba por tenerla en brazos. 
- No serás capaz. 
- ¿Qué no? 
Alex le cogió las piernas con un brazo, agarrándola como un bebé recien nacido. Moviendo los labios pareció decir: "Te Quiero" y con un movimiento fuerte y rápido la tiró al agua. El agua esta realmente fría y ella tenía que vengarse así que abrió los ojos una vez fuera del agua, se levantó, le daba igual que se le trasparentase la ropa interior, agarró a su amigo de la mano y con ayuda de dos preciosas chicas, empujaron al chico. Alex cayó al agua agarrando a su amiga ya mojada para que volviese a caer. Los dos estaban empapados y empezaron a jugar ya en el agua. Fuera del lago Dani le murmuró algo a Mario y justo después se marchó. 
El mayor del grupo se acercó a Lucía por detrás y cuando la iba a agarrar ella se dio la vuelta se puso en su espalda y se subió en ella a caballito. Él con mucho gusto se tiró al agua con ella encima. Cuando sacaron la cabeza 
 Ainhoa y Pablo ya estaban en el lago.
Estuvieron en remojo entre risas y juegos hasta la noche cerrada. Elena era la que mas llevaba en el agua y estaba ya tiritando. Así que salió y tras ella, Mario. 
- Ya no te vas a olvidar de nosotros ¿eh?
- Me voy este fin de semana. - dijo la chica entre sollozos. 
- Elena no llores, hablaremos todos los días.
- Es que se me ha metido algo en el ojo. 
Su amigo la abrazó. Cogió una de las toallas que había pedido Dani en el bar del parque antes de meterse él también en el agua y la cubrió con ella. Cuando se hubo calmado se sentaron y entablaron conversación mientras los demás continuaban con su baño. 
- ¿Si le pido salir a Lu aceptará? - a Elena le asombró la pregunta. 
- No lo sé. 
Entre tanto, en el lago, Alex había salido a por algo de cenar. Ainhoa y Pablo conversaban abrazados sentados en una piedra en la orilla. 
- Te quiero mucho. 
- Y yo a ti. - respondía el chico. 
Lucía y Dani aún jugaban.
- Oye Lu. ¿Te puedo pedir algo?
- Claro, dime.
- ¿Me das un beso? 
- Claro. - la chica dulcemente se acercó y le besó en la mejilla.
- ¿Te gusto?
Aquello sí que pilló desprevenida a Lucía. Decidió no contestar.  Esa no era la reacción que él esperaba. 
- ¿Mario?
- Eh... 
- Perdona tengo que irme. 
Dani salió del agua, cogió una toalla y se marchó sin despedirse. Lucía resopló y salió tambien del agua.
- Pablo, ¿Te puedo preguntar algo? - decía Ainhoa que seguía acurrucada en su hombro. 
- ¿Alguna vez llegaste a salir con Lu? 
- No. - respondió con sinceridad. 
- Pero, ¿Te gustó alguna vez? 
- No.
Ainhoa soltó un largo suspiro. Pretendía seguir con su interrogatorio pero Alex interrumpió los pensamientos de Lucía, las conversaciones entre Pablo y Ainhoa y, Mario y Elena. 
- Mms... Pizza. 
Todos se relamían. El agua daba mucha hambre. Ainhoa notó que algo faltaba. 
- Emm... Lu, ¿Dónde está Dani? 
La chica bajó la mirada con tristeza. 
- Se ha ido. 
Ninguno preguntó nada más. 
- Voy a tirar esto. - dijo la chica entristecida. 
Elena le dió un codazo a Mario, quien se levantó para acompañarla. 
Se estaban empezando a oír truenos, propios de una tormenta de verano. Sin que ninguno se hubiera dado cuenta, el cielo se había nublado. En poco tiempo, empezaría a llover. Pero ningun miembro de aquel grupo de amigos se había dado cuenta. 
- Lu, esperame. 
Ella obedeció y espero a su amigo. Él llevaba otro cartón de pizzas. Caminaron hasta la papelera en silencio, sólo con el ruido de los truenos que cada vez eran más.
- Mario.
- Lucía. 
Ambos habían hablado a la vez. 
- Habla tú. - dijo la chica. 
Sin embargo el chico de diecinueve años no habló. Se quedó contemplando los preciosos ojos de su amiga. 
Ya había empezado a llover. Las gotas de lluvia mojaban sus caras. El parque empezaba a oler a tierra mojada. Un olor realmente agradable. La pareja se miraba fijamente a los ojos. Mario se estaba acércando, sin embargo Lucía le interrumpió con un suave carraspeo. Se giró y terminó de tirar los cartones. Cuando llegaron junto al grupo estaban todos dispuestos a marcharse. Elena le dió un beso a Alex en la mejilla. Y otro a Mario y a Pablo. Ainhoa besó con dulzura a su chico y se despidió de los otros dos amigos . Y es que, Alex tras esa agradable tarde, se había convertido en un amigo. Lucía simplemente se quedó apartada y no se despidió de nadie. Estaba demasiado en su mundo. 
Las chicas tenían que ir a casa de Elena y la lluvia empezaba a tener más fuerza.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Dieciocho


Los cinco alumnos subieron las escaleras de casa de Elena y entraron en su acogedora habitación. Sus paredes eran azul añil, con cuadros y fotografías colgadas.
Dani y Lucía se sentaron en el suelo, apoyados en la pared. Elena y Alex en la cama y Ainhoa en la silla del escritorio.
- El tema es... La Antigua Grecia.
- Yo he traído una enciclopedia. - dijo ainhoa sacando un gran libro de su mochila.
- Dani y yo, apuntamos la información, Ainhoa busca en su enciclopedia. Y Alex y Elena hacéis la presentación con el portátil. - organizó Lucía.
- Vale. - dijeron todos.
Así transcurrieron dos horas hasta terminar el trabajo. Un largo trabajo que con organización y estudio tendría una gran nota.
- No sé vosotros pero yo estoy muerta de hambre. - decía Ainhoa.
- He traído unos donuts, voy a por ellos. ¿Alguien quiere algo?
- Yo querría un poco de agua.
- Pues ven conmigo. - le indicó la anfitriona a su compañero.
Así Alex y Elena bajaron a la cocina. La chica le sirvió un vaso de agua y, mientras el chico bebía ella cogía la caja de donuts. Se dirigió al cajón junto al que estaba él, agarró las servilletas y cerró el cajón.
- Trae que te ayudó. - dijo Alex tirando de la caja de donuts.
- No hace falta.
- Déjame que te ayude.
- He dicho que no es necesario.
Aquella discusión se estaba convirtiendo en una guerra para ver cuál de los dos era más cabezota. Alex tiraba de la caja insistiendo en ayudar, pero Elena no quería que la viese como a una flojeras incapaz de coger una simple caja repleta de donuts así que se resistía agarrándola con fuerza.Y así en un tirón de la caja por parte de Elena, todas las servilletas salieron volando y quedaron esparcidas por todo el comedor de la cocina.
Los dos compañeros se agacharon y comenzaron a recoger las servilletas arrastrándose a gatas por el suelo.
Ya sólo quedaba una así que los dos se dirigieron con rapidez hacia ella. Miraban fijamente la servilleta sin darse cuenta de que iban a chocar hasta que, claro, se chocaron. Se frotaban sus frentes con muecas de dolor. Ambos estaban a escasos centímetros el uno del otro. Olvidando el choque se miraron a los ojos. Elena podía notar la respiración de Alex. Su corazón estaba disparado. Latía con fuerza y rapidez.
Él y Ella se acercaron lentamente y dejaron que sus sentimientos fluyeran dándose un dulce beso en los labios. Un beso que ató entre ellos un lazo de, nada más y nada menos, que amor. Ambos se separaron.
- Deberíamos subir, nos están esperando. - dijo la chica rápidamente intentando descubrir que era eso que le estaba ocurriendo.
Él era Alex, el chulo y creído del instituto. El que le enviaba una nota a todas las nuevas.
- Espera Elena. - dijo agarrándole de la muñeca.
- Oye no, olvidemos lo que acaba de ocurrir. no sé que me ha pasado. Ha sido un error. - dijo girándose.
- No es divertido vivir con la etiqueta de el chulo de la clase. No soy así. Hace tiempo perdí el control de mi mismo y empecé a hacer tonterías pero ya no soy así. He crecido.
- Yo no he dicho nada de que tú seas así. Sólo digo que lo que ha ocurrido ha sido un error.
- Yo no lo creo así. - dijo Alex dando un paso hacia Elena. - Apártate si quieres. - dijo acercándose más y más. Pero la chica no se apartó. En el fondo sentía algo por él.
Estaba bloqueada. Quería apartarse pero no podía. No hacía más que pensar en lo mucho que deseaba volver a probar sus labios. Oler su aroma. Mirar sus ojos.
Y antes de que pudiera seguir pensando el chico la volvió a besar.