Los sentimientos de aquel beso volaban de nuevo por la habitación diciendo mucho más que mil palabras.
- Oye esto tenemos que hablarlo, ahora subamos. - dijo el chico para el asombro de la chica una vez separados.
Entraron en la habitación en la que sus tres amigos llevaban ya un buen rato esperando.
- ¡Por fin! ¿A dónde habéis ido a por los donuts? ¿A Narnia?- se quejaba Ainhoa.
- Ha habido un percance con las servilletas. - explicó Alex con normalidad.
- ¿Qué clase de percance? - quiso saber Lucía.
- Uno que ha hecho que las cosas volaran por los aires.
Todos creían comprender pero ninguno lo hacía en realidad. Y es que "Las cosas" que volaron por la habitación no eran precisamente las servilletas.
Los cinco compañeros consiguieron terminar toda la tarea en una hora, dejando así libre el resto de la tarde.
- Bueno chicos, son las ocho ¿Qué os parece si nos vamos al parque que hay junto a mi casa?
- Vale.
- Me parece bien.
- Vale, pero ¿Os importa que llame a Pablo?
- No. - la opinión del grupo fue unánime.
Las chicas dejaron sus carteras y archivadores en casa de Elena y, con sus móviles y dos chicos acompañandolas se dirigieron al parque "La Arboleda" el lugar donde habían quedado con Pablo.
El parque era una masa verde en el mapa de la ciudad, con un lago enorme lleno de patos y rodeado por árboles y arbustos. Con gente intentando ganarse un poco la vida haciendo magia o algún que otro espectáculo. Junto al lago, un adorable barecito en el que la gente paraba a descansar o comer. Todos los caminos llevaban a él. Bancos con parejas de ancianos echándoles de comer a las palomas adornaban los caminos. Los árboles plantados en césped daban sombra a los jóvenes que se sentaban bajo su copa a leer o descansar. Un parque limpio en el que todavía se veían restos de hojas otoñales caídas, que el viento aún no se había llevado. Puestos ambulantes de helados o perritos calientes recorrían aquel hermoso lugar siendo empujados por un humilde empleado deseando atenderte. Aquel era un lugar de ensueño.
- Hola chicos y...
- Alex. - Ainhoa presentó al nuevo miembro del grupo ante su novio.
- Encantado. - Los dos chicos se dieron la mano y entablaron conversación fácilmente. Dani se unió al interesantísimo debate sobre coches que a las chicas no les interesaba en absoluto.
Entre risas las tres amigas se dirigieron a la sombra de uno de aquellos hermosos árboles que había junto al lago. Sentadas, desde aquel lugar se podían ver los patos que nadaban por la otra parte del lago. Pese a todo, el agua tranquila era limpia y clara.
- Eh Chicas, mirad allí.
- ¿Quién es esa chica que va con Mario? - preguntó Ainhoa.
Ninguna contestó a la pregunta pues estaban demasiado ocupadas mirando lo que ocurría. La pareja parecía estar teniendo una fuerte discusión. Lucía, Ainhoa y Elena permanecieron en silencio hasta que la chica que acompañaba a Mario le pegó un manotazo en la cara. Las tres amigas soltaron un grito ahogado.
- No sé cómo lo vereis pero voy a intervenir.
- Lucía... Creo que no deberías... - opinó Elena.
Pero cuando terminó de hablar la chica ya se había marchado.
- ¡Hola Mario!
- ¿Y esta quién es? ¿Tu nuevo rollo? - dijo la jovencita que acababa de agredir a su pareja.
Lucía estaba sorprendida no sabía que decir.
- Claudia lárgate. - decía Mario.
- No gracias, prefiero esperar a ver como la enana esta te defiende. - dijo la chica mirando a Lu con aire de superioridad.
- Mira bonita, a ver si empiezas a cuidar un poco lo que dices.
- Niña, mi novio y yo estabamos hablando tranquilamente cuando has llegado tú. - se defendió Claudia.
- Tú y yo no somos novios ni lo seremos nunca más. Y esta chica a la que llamas enana en unos días ha pasado a ser mas importante que tú en toda mi vida. Ahora lárgate de una puta vez.
Claudia se quedó callada durante unos instantes y mientras se marchaba murmuró.
- Bah, no vales la pena.
- Pues anda que tú... - susurró la preciosa jovencita que había junto a Mario.
- Gracias.
- No hay por qué darlas. - dijo ella guiñándole el ojo.
Juntos, caminaron hasta la sombra del árbol en la que estaban Elena y Ainhoa.
- Hola Mario. - las chicas se habían levantado para darle dos besos a su amigo.
- Hola. ¿Qué hacéis aquí? Pensaba que teníais un trabajo larguísimo.
- Hemos salido a tomar un poco el aire, ya hemos terminado.
Tres chicos que habían estado junto a una fuente de agua debatiendo sobre coches y deportes se acercaron pero sólo uno saludó.
- Ei Mario. Hola. - dijo Pablo.
Ambos se dieron un apretón de manos.
- Dani, Mario, Mario Dani. Alex, Mario, Mario, Alex.
De nuevo, apretón de manos.
Estaba empezando a anochecer y ya casi no había gente en el parque. Alex se colocó detrás de Elena y, disimuladamente la agarró de la cintura, la levantó y la colocó como si fuera un saco de patatas.
- ¡¿Qué haces?! ¡Alex! ¡Suéltame! ¡Socorro! ¡Me están secuestrando! - la chica gritaba y pataleaba sin parar pero nadie excepto sus amigos la oían.
- Dices que no nos vas a olvidar, pero, no sé yo si eso será cierto. Así que, ¿Qué mejor forma de recordarnos que dándote un chapuzón? - decía el chico mientras se esforzaba por tenerla en brazos.
- No serás capaz.
- ¿Qué no?
Alex le cogió las piernas con un brazo, agarrándola como un bebé recien nacido. Moviendo los labios pareció decir: "Te Quiero" y con un movimiento fuerte y rápido la tiró al agua. El agua esta realmente fría y ella tenía que vengarse así que abrió los ojos una vez fuera del agua, se levantó, le daba igual que se le trasparentase la ropa interior, agarró a su amigo de la mano y con ayuda de dos preciosas chicas, empujaron al chico. Alex cayó al agua agarrando a su amiga ya mojada para que volviese a caer. Los dos estaban empapados y empezaron a jugar ya en el agua. Fuera del lago Dani le murmuró algo a Mario y justo después se marchó.
El mayor del grupo se acercó a Lucía por detrás y cuando la iba a agarrar ella se dio la vuelta se puso en su espalda y se subió en ella a caballito. Él con mucho gusto se tiró al agua con ella encima. Cuando sacaron la cabeza
Ainhoa y Pablo ya estaban en el lago.
Estuvieron en remojo entre risas y juegos hasta la noche cerrada. Elena era la que mas llevaba en el agua y estaba ya tiritando. Así que salió y tras ella, Mario.
- Ya no te vas a olvidar de nosotros ¿eh?
- Me voy este fin de semana. - dijo la chica entre sollozos.
- Elena no llores, hablaremos todos los días.
- Es que se me ha metido algo en el ojo.
Su amigo la abrazó. Cogió una de las toallas que había pedido Dani en el bar del parque antes de meterse él también en el agua y la cubrió con ella. Cuando se hubo calmado se sentaron y entablaron conversación mientras los demás continuaban con su baño.
- ¿Si le pido salir a Lu aceptará? - a Elena le asombró la pregunta.
- No lo sé.
Entre tanto, en el lago, Alex había salido a por algo de cenar. Ainhoa y Pablo conversaban abrazados sentados en una piedra en la orilla.
- Te quiero mucho.
- Y yo a ti. - respondía el chico.
Lucía y Dani aún jugaban.
- Oye Lu. ¿Te puedo pedir algo?
- Claro, dime.
- ¿Me das un beso?
- Claro. - la chica dulcemente se acercó y le besó en la mejilla.
- ¿Te gusto?
Aquello sí que pilló desprevenida a Lucía. Decidió no contestar. Esa no era la reacción que él esperaba.
- ¿Mario?
- Eh...
- Perdona tengo que irme.
Dani salió del agua, cogió una toalla y se marchó sin despedirse. Lucía resopló y salió tambien del agua.
- Pablo, ¿Te puedo preguntar algo? - decía Ainhoa que seguía acurrucada en su hombro.
- ¿Alguna vez llegaste a salir con Lu?
- No. - respondió con sinceridad.
- Pero, ¿Te gustó alguna vez?
- No.
Ainhoa soltó un largo suspiro. Pretendía seguir con su interrogatorio pero Alex interrumpió los pensamientos de Lucía, las conversaciones entre Pablo y Ainhoa y, Mario y Elena.
- Mms... Pizza.
Todos se relamían. El agua daba mucha hambre. Ainhoa notó que algo faltaba.
- Emm... Lu, ¿Dónde está Dani?
La chica bajó la mirada con tristeza.
- Se ha ido.
Ninguno preguntó nada más.
- Voy a tirar esto. - dijo la chica entristecida.
Elena le dió un codazo a Mario, quien se levantó para acompañarla.
Se estaban empezando a oír truenos, propios de una tormenta de verano. Sin que ninguno se hubiera dado cuenta, el cielo se había nublado. En poco tiempo, empezaría a llover. Pero ningun miembro de aquel grupo de amigos se había dado cuenta.
- Lu, esperame.
Ella obedeció y espero a su amigo. Él llevaba otro cartón de pizzas. Caminaron hasta la papelera en silencio, sólo con el ruido de los truenos que cada vez eran más.
- Mario.
- Lucía.
Ambos habían hablado a la vez.
- Habla tú. - dijo la chica.
Sin embargo el chico de diecinueve años no habló. Se quedó contemplando los preciosos ojos de su amiga.
Ya había empezado a llover. Las gotas de lluvia mojaban sus caras. El parque empezaba a oler a tierra mojada. Un olor realmente agradable. La pareja se miraba fijamente a los ojos. Mario se estaba acércando, sin embargo Lucía le interrumpió con un suave carraspeo. Se giró y terminó de tirar los cartones. Cuando llegaron junto al grupo estaban todos dispuestos a marcharse. Elena le dió un beso a Alex en la mejilla. Y otro a Mario y a Pablo. Ainhoa besó con dulzura a su chico y se despidió de los otros dos amigos . Y es que, Alex tras esa agradable tarde, se había convertido en un amigo. Lucía simplemente se quedó apartada y no se despidió de nadie. Estaba demasiado en su mundo.
Las chicas tenían que ir a casa de Elena y la lluvia empezaba a tener más fuerza.
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