Entró en todas las redes sociales de las que formaba parte. Facebook, Tuenti, Twitter, Tumblr... Tenía los cascos puestos, intentando que la música aliviara sus penas. ¿Qué estaría haciendo ella ahora?
- No, Dani, quítatela de la cabeza. No merece la pena. Por ti se mueren muchas chicas.
Se decía para sí mismo. El móvil le vibró.
"Tío, ¿dónde te metes? ¿te vienes a la discoteca esta noche?"
Era un whatsapp, de su amigo. Pensó bien lo que Manu le acababa de escribir y decidió que un poco de alcohol, baile y chicas no le harían ningún mal.
"He estado haciendo un trabajo. Claro, dime lugar y hora y allí estaré"
"Genial tío pues en mi casa a las nueve."
- Tía, Pablo está muy raro conmigo, no sé que le pasa. - decía Ainhoa antes de hincar el diente a su sandwich.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- No sé, no contesta a mis whatsapps y cuando me ve se mantiene distante.
- ¿No creerás que...? - Elena no podía terminar la frase.
- No lo sé... No sé nada.
- Cielo, Pablo te quiere.
Ainhoa no paraba de darle vueltas. ¿Y si su novio en realidad no la quería? ¿Y si estaba con otra? ¿Y si a él en realidad le gustaba Lucía?
- A lo mejor prefiere a Lu...
Elena se atragantó. Era una idea un poco descabellada pero tristemente posible.
- Ainhoa. No. ¿Has pensado en hablarlo con él? Además no lleváis casi nada juntos. ¿Una semana? No creo que se haya cansado de ti. ¡Dios mío! ¿Pero quién en su sano juicio se cansaría de ti? Si eres un sol. Y encima mírate, esos ojos, esos rizos, ese cuerpo. Si fuera un tío te pediría matrimonio.
Ambas rieron tras el beso en la mejilla que le dió Elena a su amiga.
Tras aquel beso, la pareja se cogió de la mano y comenzó a caminar por la arena. Se sentían felices. El viento empezaba a soplar, Lucía tenía frío pero se sentía demasiado a gusto con Mario.
- Vamos, antes de que cojas un resfriado.
- No te preoc...
- Te dejo en tu casa ¿no? - dijo haciendo caso omiso de sus excusas. - Además mañana sí tienes clase y deberías descansar.
- Eres un cielo.
Mario sonrió y la cogió de nuevo de la mano, llevándola al mismo coche negro que la había traído. Ambos se sentaron detrás. En silencio. Cada uno con su respectiva sonrisa tonta en la cara. Tras un trayecto un poco largo el coche paró en casa de Elena.
- ¿Que hacemos aquí? - pregunto Lucía confusa.
- Tendrás que recoger tu mochila y esas cosas ¿no?
Ella no paraba de pensar. Es que ese chico estaba en todo.
Llamaron a la puerta y abrió un chico moreno, de ojos marrones, delgado y alto. De unos aproximadamente veintitrés años. Lucía y Mario ya le conocían. Era uno de los hermanos de su amiga.
- Hola chicos.
- Hola. Es que he dejado aquí esta mañana mis cosas...
- Ahora mismo te las traigo.
En tan solo un minuto el chico apareció con su mochila de clase y una bolsa con su ropa seca y limpia de ayer.
- Voy a llamar a estos, haber por donde andan.
Elena marcó el número de su amiga y esperó a que contestara.
- ¿Si?
- Cielo, ¿Por dónde andáis?
- Estamos en la puerta de mi casa.
- Vale esperadnos allí. Un beso.
- ¡Qué rapidez! - dijo Ainhoa.
- Están es casa de Lu. ¿Vamos?
La chica asintió y juntas se dirigieron a casa de su amiga. Sonrientes. Felices. Jóvenes.
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