Corrió y corrió hasta llegar a un tranquilo bosque que, ni si quiera ella sabía cómo había llegado hasta allí. Tras unos minutos callada escuchó su nombre a través de una voz dulcemente familiar. Entre sollozos gritó:
- ¡Estoy aquí!
- Cariño, ¿Qué te ha ocurrido?- dijo Ainhoa mientras se sentaba a su lado y le secaba las lágrimas a su amiga.
- Él me besó dos veces, y y...yo... Fui tonta, creí que me quería y tenía novia, y no una novia normal. Tenía a Claudia, la ex de Mario.
Ainhoa ocultó su sorpresa, quería centrar su atención en ayudar a Elena, no en replicarle.
- Pero cielo, es Alex, es un engreído y además, te vas a Valencia, allí encontrarás a alguien mejor.
Elena asintió tristemente y abrazó con fuerza a una de sus dos mejores amigas. Y es que una amiga es eso, alguien que por muy poco que conozcas quieres más que a nada en el mundo.
- Son las tres, ¿Qué tal si comemos algo?- dijo posando su mano sobre su estómago.
- Me parece bien, vamos a un bar o algo. ¿Cómo crees que le irá a Mario y a Lucía? - dijo la chica rubia de pelo ondulado a su amiga.
- Espero que bien. Hacen una buena pareja.
- Más vale que impidas que se separen que, cuando vengáis a Valencia, tienen que ser pareja ¿Eh?
Ambas rieron, escondiendo su tristeza tras aquellas preciosas sonrisas.
Llegaron a un bar y comieron tranquilamente. Conversaban sobre cómo creían que le iría a sus amigos en su cita. ¿Se habrían besado ya? ¿Estarían los dos cortados sin saber qué decirse? ¿Hablarían como amigos y nada más? Preguntas rondaban por sus cabezas sin respuesta por ahora.
- ¿Sabes? No sabía que te gustaran los Pokemon. - dijo Lucía de repente.
- Es que a Elena se le va la olla. Pusimos la contraseña para registrarnos en una página web de música. Para un trabajo de Tecnología. En realidad no me gustan.
- Sí, sí, seguro. - dijo ella, no muy convencida.
- ¿Acaso me tomas por un friki?
- Por uno de los Pokemon a lo mejor.
- ¿Perdona?
Lucía mostró una sonrisa traviesa y salió a correr por la playa que había junto al mantel. Mario corrió tras ella hasta alcanzarla. La agarró de la cintura mientras ella gritaba y pataleaba:
- ¡Suéltame!
- ¿Te has fijado que últimamente cada vez que nos vemos acabamos empapados? - dijo él mientras le quitaba las sandalias para que no se le estropearan.
- No por favor, retiro lo dicho. ¡No eres un friki! Si yo te quiero mucho. - dijo sin pensar.
Mario paró en seco. La dejó en el suelo y le miró a los ojos.
- ¡Te quiero! - gritó ella muy feliz. Levantó la mirada y se encontró con sus ojos, fijos en sus labios. Deseaba besarle, pero no estaba muy segura de sí misma. Mario era un gran chico, no quería que sufriera por su culpa. Así que sonrió y cuando se iba a dar la vuelta, una anciana que paseaba con su bastón por allí dijo:
- No te quedes ahí parado. ¡Bésala!
Ambos rieron y se volvieron a mirar a los ojos. Mario no lo soportaba más, acercó a la que esperaba que fuese su chica, más a él y la besó con fuerza y pasión. Hasta no verse correspondido por el beso, no se detuvo.
- ¡Dani! Dice Mamá que recojas la habitación. - decía una pequeña de unos seis años a su hermano en otra punta de la ciudad.
- No quiero. - contestó el mayor de mala gana mientras se colocaba los cascos.
- ¡Mamáá! Dani no quiere recoger su habitación. - decía la jovencita mientras caminaba por el pasillo.
Dani cerró la puerta de su cuarto y encenció el ordenador. Todo le recordaba a ella, no entendía porque no tenía nunca éxito con las chicas. Tenía a Lucía en el bote cuando apareció ese tal Mario y la enamoró con sus encantos de chico mayor.
Estaba furioso. También cansado, todo le salía mal. Su hermana pequeña interrumpió sus pensamientos de nuevo.
- Dice que o recoges o no sales en tres meses.
- ¡Qué ya voy pesada! - se quejaba.
- ¡Mamá Dani me ha dicho pesada! - gritaba mientras se volvía a ir.
Hoy era uno de esos días en los que no soportaba a Marta, su hermanita pequeña.
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