jueves, 14 de junio de 2012

Seis.

Pablo y Lu salieron de nuevo al jardín riendo ambos a carcajadas.
Todos empezaron por fin a cenar. 
- Ainhoa, ¿estás bien? - le dijo Pablo a la chica que llevaba ya una buen rato sin hablar.
Ella, levantó la cabeza y contempló a su amigo. 
- Sí, no te preocupes. - dijo esbozando una sonrisa bastante forzada.
- Voy al baño. - dijo entonces Elena, mirando a Lu descaradamente.
- Yo voy a llamar a mis padres. - dijo Lucía.
Ainhoa ni si quiera les miró. 
Elena le dió un beso en la mejilla antes de irse y le guiñó el ojo a Pablo. Éste, en cuanto, las chicas se hubieron marchado, se sentó en el sitio de Elena, justo al lado de su amiga.
- ¿Te gusta Lu? - preguntó Ainhoa mirándole directamente a los ojos.
- No. 
Silencio. 
- ¿Ainhoa que es lo que te pasa?
- Me parece que eres sincero, guapo, compresivo, amable, divertido y una persona muy muy agradable.
- ¿Qué? - dijo el chico confuso.
- Me preguntaste que pensaba yo de ti.
Ambos se miraron a los ojos con toda sinceridad. 
- Hay una cosa que pienso de ti, pero antes no te la he dicho - dijo el chico. -. Eres la persona que más me gusta del mundo. 
Y, acercándose a sus labios, Pablo besó a Ainhoa y, durante unos segundos, ella se quedó petrificada, él se sintió liberado y sus labios se fundieron formando uno. 
- Tú también me gustas. - dijo ella separándose de su amigo. 
Mientras tanto, Elena caminaba por los pasillos de la casa buscando a su amiga Lu, cuando le sonó el móvil. Eran las nueve y media, era muy raro recibir llamadas a esa hora.
- ¿Diga?
- Hola Elena, soy Mario. ¿Te acuerdas de mí?
- ¡Pues claro que me acuerdo. ¿Qué tal estas? ¿Te has aburrido mucho estando cinco horas sin mí? - bromeó Elena.
- Pues sí. No dejo de pensar en tí.
- Eso será porque cada vez que te duele la rodilla te acuerdas de lo mal que te la he curado.
- ¡Qué va! Está como nueva. No sé que has hecho pero está perfecta.
- Trucos de mi madre. - dijo Elena sonriente.
- Oye, ¿Te apetece quedar mañana? - le propuso el chico.
- ¡Por supuesto!
- Genial, mañana nos vemos ¿en el centro comercial Neptuno te viene bien?
- Sí, ¿Pero luego me puedes traer tú?
- Claro no te preocupes. Adiós.
- Adiós. - dijo Elena.
La chica volvió al jardín, sus dos amigos ya llevaban quince minutos hablando. Le tenía que haber dado tiempo de sobra. En cuanto llegó se encontró a Pablo hablando con Ainhoa a una distancia muy corta de sus ojos.
Elena tocó en la puerta corredera de cristal abierta que daba paso al jardín.
- ¿Molesto?
Ambos se giraron y negaron con la cabeza. Elena no sabía que había pasado entre Pablo y Ainhoa, pero su amiga ya no estaba triste y eso era más que suficiente. 

domingo, 10 de junio de 2012

Cinco.

Pablo terminó de pedir las pizzas y se dirigió a la cocina a avisar al resto, pero allí sólo se encontró a Elena.
-¿Dónde está todo el mundo?
Elena se giró en rotundo tirando con ella un vaso de cristal.
- ¡Dios! ¡Qué susto me has dado! - dijo la chica llevándose la mano al corazón y justo antes de estallar en carcajadas. Pablo también rió. El chico se agachó junto a la chica mientras ella recogía los pedazos más grandes de cristal. Luego, se dirigió a una esquina de la cocina y con una escoba comenzó a barrer.
- Si llego a saber esto, vengo haciendo más ruido.- bromeó Pablo.
- Eso es una buena idea. - dijo Elena entre risas.
Terminaron de barrer y se dirigieron al jardín donde Ainhoa y Lucía estaban tomándo el sol.
- ¡Menudo jaleo habéis montado allí! ¿Todo por pedir unas pizzas?
Elena les contó su torpeza y todos terminaron de bromear cuando el timbre de la casa fue pulsado por un vendedor de pizzas cansado. Lucía y Elena se dirigieron con el dinero reunido por los cuatro amigos y dejaron a solas Pablo y Ainhoa.
- ¿Elena se va a vuestro instituto? - preguntó el chico.
Ainhoa asintió.
- ¿Te cae bien? - dijo entonces la chica.
- Sí, es buena gente... es como tú.
- ¿Yo? ¿Te parezco buena gente? - dijo Ainhoa con cara de incredulidad.
- Oh ¡Venga ya! Pues claro. Desde que te conocí. Siempre me has parecido ese tipo de chica que es amable y sensible, compresiva, bromista y sincera.
Ainhoa estaba flipando. Lu y Elena estaban en la cocina cortando las pizzas lentamente para que a sus dos amigos les diera tiempo a hablar.
- Vaya... no sabía que pensaras eso de mí.
- ¿Y tú? ¿Qué opinas tú de mí? - dpreguntó entonces el chico.
- Bueno yo... eres... eres...
Pablo rió y dijo:
- Tranquila, piénsatelo.
Y justo en ese momento Elena y Lucía llegaban con las pizzas.
- Bueno ya podemos cenar. - dijo Lu.
De repente a Elena le sonó el movil.
- ¿Si?
- Hola hija, ¿dónde estás?
- Mamá, estoy cenando en casa de Lucía. Espero que no te importe, luego me lleva Ainhoa.
- Bueno como quieras pero no vuelvas tarde.
- Sí, Mamá gracias, te quiero.
Elena volvió a la mesa pero allí se encontró solo a Ainhoa.
- ¿Dónde están Lu y Pablo?
- Han ido a la cocina a por bebidas y servilletas y a hablar de algo. - explicó la joven rubia.
- ¿Hablar de algo?
- Sí, es que son muy descarados. De pronto se intercambian miradas y se buscan una escusa para estar a solas. Bueno, a mi no me molesta.
- ¿Pero ellos dos son sólo amigos no?
Ainhoa pensó unos segundos y luego se encogió de hombros. La verdad es que entre Pablo y Lucía siempre había habido una muy buena amistad, pero... ¿Y si había algo más?

Cuatro.

Llegó hasta la plaza exhausta y saludó con la mano a sus dos amigas.
 - Perdonad chicas, espero no haberos hecho esperar es que allí me encontré a un chico y...
 Ainhoa y Lucía se miraron, e interrumpiendo a Elena, dijeron al unísono:
- ¿¡Un chico!? Cuenta cuenta cuenta ¡Cuenta!
Las tres amigas rieron. Elena les contó la historia.
- Diecinueve años no es tanto, solo os llevais cuatro años.
- Ya, solo es que me sorprendió un poco que yo le cayese tan bien.
 Ainhoa y Lucía intercambiaron miradas y abrazaron a su amiga.
 - Bueno, ¿lista para conocer nuestro instituto? - preguntó Lu.
- Pues no sé... Sólo quedan dos días para que terminen las vacaciones de verano y no quiero que me vaya tan mal como en el otro instituto. -dijo Elena.
- Elena, con nosotras, no te va a pasar nada. Para eso estamos las amigas ¿no?
Elena sonrió.
- ¿Os venís a mi piscina? - sugirió Lu de pronto.
- Vale, llevo el bañador que me he comprado esta mañana en el bolso. - dijo Ainhoa. - No, yo no tengo bañador, lo siento. - respondió Elena.
- No te preocupes, te compraremos uno por el camino.
Ainhoa agarró a Elena del brazo y se levantaron del bar en el que estaban dejando la cuenta sobre la mesa. Se dirigieron a casa de Lucía y se fueron parando en todas las tiendas que encontraron. Al llegar a casa de Lucía cada una se puso un biquini y se dirigieron a la piscina, cuando se iban a bañar sonó el timbre.
- Podeis ir metiendoos, yo abro. - dijo Lucía.
 - No te preocupes Lu, te esperamos. - sugirió Ainhoa.
 Elena asintió sonriente. Tras unos minutos, Lu apareció con un chico al lado.
 - Pablo, esta es Elena, Elena este es Pablo.
- Encantado. - dijo el chico.
- Igualmente. - dijo Elena.
 - A Ainhoa ya la conoces.
- Hola. - dijo Ainhoa sonriente dándole dos besos.
- ¿Te quedas a comer? Mis padres no están. 
- Claro, voy a por mi bañador a mi casa y aviso a mi madre.
 Y así Pablo desapareció por la puerta justo antes de que Ainhoa soltase un largo suspiro.
- Elena, Pablo es el vecino de Lu y la mejor persona que conozco.
 - ¡Eh! Y nosotras ¿Qué? - se quejó Lucía.
 - Después de vosotras, claro. - dijo Ainhoa sonrojándose. - Voy a por refrescos. En cuanto Ainhoa salió del jardín:
 - ¿Le gusta? - preguntó Elena.
Lu se limitó a asentir en cuanto vió a Pablo aparecer de nuevo por la puerta, esta vez con una toalla, un bañador puesto y una bolsa de deporte colgada detrás. Definitivamente es guapo.

domingo, 3 de junio de 2012

Tres.

Cuando terminó de comer con su familia, recogió su plato y cubiertos y se subió al baño para ducharse. Se vistió de nuevo y empezó a caminar, habían quedado en la plaza de... no le habían dicho en que plaza iban a quedar, genial... Cogió su teléfono y buscó el número de Ainhoa, pero se le había olvidado memorizarlos, bueno no importaba se suponía que tenía que estar en las últimas llamadas recibidas, no, allí no estaba, miró la configuarión, tenía desactivada la casilla de: Memorizar llamadas recibidas. *¡Mierda!* Ahora ¿a dónde iba? *Joder... Bueno iré a la plaza del ayuntamiento haber si allí las encuentro* pensó. Estaba muy cerca así que no tardó en llegar, allí no estaban. Se sentó en el filo de un banco, agachó la cabeza e intentó pensar, pero alguien, se cayó justo delante de ella y se levantó para ayudarle.
- ¿Estás bien? - preguntó Elena.
- Sí es que soy muy torpe. - el chico sonrió.
- Siéntate aquí, ¿me permites que le eche un vistazo?
- En absoluto - dijo levantándose el pantalón para mostrarle su rodilla.
- Uff... esto no tiene buena pinta... Creo que tengo un poco de algodón en el bolso y una botellita de muestra de alcohol.
- ¿De verdad llevas de eso en el bolso? ¿No eres demasiado precavida? - preguntó asombrado.
- Bueno... soy una chica muy torpe y me caigo con facilidad. - dijo Elena rebuscando en su bolso.
- Mira, ya tenemos algo en común.
Se miraron a los ojos y sonrieron. Él era un chico alto y de pelo moreno, sus ojos eran grandes y verdes, muy muy verdes. Era delgado y parecía fuerte. Tenía una sonrisa muy bonita y era divertido.
- Soy Mario.
- Yo soy Elena.
Ambos se dieron la mano.
- ¿Qué edad tienes Mario?
-  Diecinueve ¿Y tú?
-  Yo... yo tengo... quince...
De nuevo sus miradas se encontraron y se sonrieron.
De pronto el móvil de Elena sonó.
-¿Si?
- Oh... Elena menos mal, pensábamos que te había pasado algo.
*¡Mierda! Se me había olvidado...* Con lo de Mario se había olvidado de que no sabía en que plaza había quedado con Lucía y Ainhoa.
- Ainhoa, verás es que cuando salí de mi casa no sabía hacia donde ir, no me acordaba de la plaza que me dijisteis y fui a la del ayuntamiento y bueno aquí... se me ha pasado el tiempo volando - miró a Mario y le sonrió, él le devolvió la sonrisa -, ¿Dónde estáis? Voy para allá.
- En la plaza de los multicines, la que hay al lado del Virgen de Gracia.
- Vale, hasta ahora.
- Adiós.
Elena colgó y se dirigió hacia su acompañante.
- Me tengo que ir. Ha sido un placer conocerte, Mario.
- Igualmente, ¿crees que volveremos a vernos?
- Si queremos nosotros sí.
- Pues a mi me gustaría mucho conocerte. - dijo el chico sacando un papel de su cartera y escribiendo algo - este es mi número, pero no sé yo si me llamarás, ¿me das tú el tuyo?
- Por supuesto! - Elena rompió un poco el papel que le acababa de entregar, apuntó su teléfono y se lo tendió - Y que te mejores.
- Gracias a tu ayuda lo haré.
- Adiós Mario.
- Adiós Elena.