Las chicas llegaron a casa de Elena empapadas. La chica sacó sus llaves y abrió. Su madre las esperaba en la entrada.
- ¡Dios mío! Estáis chorreando, ni que os hubierais bañado en el lago. Vuestros padres han llamado - dijo girándose para dirigirse a las dos invitadas - dormiréis aquí. El padre de Ainhoa ha pasado por aquí, ha traído ropa para las dos, ha pasado antes por tu casa Lu. Subid y daros una ducha caliente para no resfriaros y yo mientras pongo los colchones.
La primera en ducharse fue Ainhoa. Lucía mientras, llamaba a su madre y Elena ayudaba a la suya a preparar la habitación.
- Dormiréis en la litera de tus hermanos y pondremos el colchón inflable en el suelo.
Su hija se subió a la litera y comenzó a poner las sábanas.
- Oye Mamá, ¿Qué harás tú en Elche?
- Un amigo de tu padre me ha dado trabajo en una tienda de ropa para mujeres de todas las edades.
- ¿En serio? ¡Eso es genial! Que sepas que en mi tiempo iré allí a adorar la ropa que vendas.
Su madre rió.
- Elena, ¿Me prestas tu cargador del móvil?
Lucía había salido de la ducha, tenía el pelo mojado y peinado, en la mano sostenía su ropa aún mojada. Isabel, la madre de Elena, se la quitó de las manos.
- Voy a tender esto.
Y con tantas prisas como había entrado se marchó. Su hija entre tanto terminaba de poner las sábanas de la litera de arriba para empezar con las de la de abajo.
- Elena ¡Quiero casarme con tu secador! - decía Ainhoa que entró por la puerta con el pelo seco.
Las tres reían mientras juntas colocaban las dichosas sábanas en el colchón inflable.
- Oye Lu, ¿Qué es lo que ha pasado con Dani? - preguntó la mayor de las tres chicas.
Lucía suspiró.
- Me pidió un beso. Y, preguntó si le gustaba.
-¿Y...?
- No me gusta. Se enfadó y se fue.
- ¿Quieres un consejo?
La chica entristecida, asintió.
- Dani como amigo es un sol. Pero todas las chicas con las que ha salido se quejan de que quiere que todo se haga como él dice. Así que, sigue siendo su amiga, pero no le hagas daño a tu corazón con una relación con él.
Ambas se abrazaron.
- Bueno feas levantad del colchón y elegid cama. - dijo la anfitriona.
- Arriba.
- Abajo. - dijeron al unísono.
Lucía subió ágilmente a la litera de arriba y Ainhoa se sentó en la de abajo.
- ¿Y por Mario? ¿Qué sientes? - quiso saber la chica del colchón inflable.
- Pfff... No lo sé. Tengo que aclarar mis ideas.
- Ainhoa, ¿Eso de Lu es una cara triste?
- Elena creo que sí. ¿Cuál es el remedio contra la tristeza?
- ¡Chocolate!
Las tres hablaron a la vez y acto seguido rieron.
- Yo me lo tomaré en tableta. - decidió la rubia de pelo rizado.
- Mmm... Yo lo prefiero en helado. - quiso Lucía
- Yo en taza y caliente. Así que... ¡Marchando un ritual del chocolate!
Desde pequeñas, las dos mayores del grupo veían películas románticas, en las que se decía que el chocolate se tomaba cuando una chica caía en depresión. Así que entre las dos le habían dado un toque mágico a esa tradición tan surrealista para convertirla en un ritual. Decidieron que sólo se tomaría en caso de tristeza. Le enseñaron aquella extraña tradición a su amiga y pese al poco tiempo que hacía desde que se conocieron, ya lo habían puesto en práctica tres o cuatro veces.
Así Elena subió a la habitación una bandeja con los tres tipos de chocolate que sus amigas habían pedido.
- Voy a tener que entrar en depresión más a menudo. - bromeó Lucía.
- Esperad chicas, mirad lo que he traído.
Elena sacó tres DVD's de una pequeña caja de cartón.
- ¡Películas de amor! - gritaron sus dos amigas al unísono.
Les esperaba una gran noche.
Quiero una noche así con vosotras!:D<3
ResponderEliminarY yo :) Un dia que durmamos en tu casa compramos chocolate y alquilamos algunas pelis jajajajajajaj tequiero
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