Ainhoa bailaba contenta entre sus amigas de clase, pero de pronto se sentía sedienta. Caminó hasta la mesa de refrescos. La gente bailaba y reía, mientras ella se abría paso. Llegar a coger una Coca-Cola parecía Misión imposible.
Por fin se acercaba, ya lo veía, estaba cerca, hasta que...
- Eh... Hola... Ai...A...
- Ainhoa. Soy Ainhoa.
La chica mostró una dulce sonrisa a aquel chico que no conocía. ¿Cómo podía no conocer a alguien en su propia fiesta?
- Yo so...soy... Da... Dan... Dani.
- Encantada, perdona pero necesito un refresco- Hizo un gesto para que se apartase y pudiera coger su deseada Coca-Cola-.
Cuando se giró de nuevo el chico había desaparecido. Ni si quiera había podido mirarle, tenía tanta sed que ni sabía con quién había hablado. Se encogió de hombros y caminó hasta el baño.
A lo lejos pareció divisar a alguien conocido. Salto entre la gente y se dió cuenta de que era su novio. Salió corriendo, pasando entre la gente. El chico la acogió entre sus brazos cuando su chica saltó sobre él y le besó como di llevasen años sin verse.
- Vamos a salir anda.
El joven alto, cogió a Ainhoa de la mano y la sacó al jardín delantero.
Al otro lado del jardín Lucía y Mario conversaban.
- Olvidemos lo que ha pasado...- decía el chico.
- Sí.- contestaba la chica mientras se secaba las lágrimas - Ella no debe saber que me lo has contado.
Mario observaba a su acompañante con tristeza, él no debería haber dicho nada, pero se le había escapado.
Elena volvió a salir al jardín y vió a su amiga secarse las lágrimas.
- ¡Lu! ¿Qué te pasa?
La afectada levantó la cabeza y miró fijamente a su amiga a los ojos. Inmediatamente supo lo que ocurría.
- Se lo has contado. - dijo con voz débil, mirando a su amigo.
El chico intentó retener las lágrimas con todas sus fuerzas.
- Lo siento. Pero...
- No ha sido culpa suya, se lo he sonsacado yo. - le interrumpió Lucía.
- Lucía, esperaba el momento para contaroslo... - dijo Elena mientras llorando abrazaba a su amiga.
- Eh, ¿Qué ocurre aquí?
Ainhoa llegó de la mano de Pablo.
- Me mudo. Me mudo a Valencia. Sé que acabo de llegar a este instituto pero mi padre dice mi padre, que le han ofrecido allí un trabajo mejor. Además tenemos amigos allí y...
- Ese no es motivo para abandonarnos, abandonar a tu familia, tu casa, tus amigas... - dijo Ainhoa sollonzando y diciendo la última palabras en un susurro casi inaudible. La chica salió corriendo del jardín.
- ¡Ainhoa espera!
- No, Elena, ¡Déjame!
Cuando la chica hubo entrado.
- Lu, será mejor que vayamos con ella.
Y así sus amigos dejaron sola a Elena con Mario.
- Todo esto es culpa mía. - dijo el chico.
Elena sacudió la cabeza.
- No, en algún momento lo tenían que saber.
La chica, se dejó caer junto a Mario y se acurrucó en su hombro.
- Al menos te visitaremos.
- Sí y os podré enseñar mi nueva casa.
- Todo será distinto. - dijo entonces él. Acto seguido, besó a su triste amiga en le mejilla.
martes, 31 de julio de 2012
domingo, 29 de julio de 2012
Doce
Sonó la última campana, señal de que el primer día de clase tras un largo e inolvidable verano juvenil habia terminado.
- ¿Qué es esa sorpresa?
Le preguntó Lucía a Ainhoa cuando estaban a solas las dos.
- ¡Es una sorpresa!
Elena se acercó a la pareja de amigas mirando el teléfono y dijo:
- Bueno Lu, mis hermanos no están, mi padre trabaja y mi madre acaba de comer y se va ahora asi que comemos solas.
- Bueno, no importa. - sonrió.
- En fin chicas, esta es mi calle.
Llovían besos y abrazos. Despedidas y sonrisas.
Lu y Elena caminaron juntas hasta casa de esta última.
- ¿Pedimos unas pizzas? - preguntó Elena ya en su casa.
- Vale, el baño. ¿Al fondo a la derecha?
Elena asintió con una sonrisa mientras sacaba dos platos y el mantel.
- Oye, luego vamos a comprar las cosas de la lista al mercadona que hay al lado de casa de Ainhoa. Así no tenemos que ir desde aquí hasta allí tan cargadas.
- De acuerdo - opinó Lucía mientras marcaba el número del telepizza -. ¿Pedimos una Barbacoa?
Elena se limitó en asentir.
Las dos se sentaron en cuanto les trajeron las pizzas.
- ¿Crees que a Ainhoa y a Pablo les irá bien?
- ¿Cómo dices? - se disculpó Elena.
- Me gusta Pablo pero no puede haber nunca nada entre nosotros. A veces envidio a Ainhoa por no tener lo que ella tiene.
Elena miró seriamente a su amiga.
- Eso que dices es una estupidez, o sea, qe te guste me parece algo normal pero no puedes envidiar a Ainhoa por salir con él. Ella es tu amiga. Deberías olvidarte de Pablo, en serio.
Lucía asintió. Las dos amigas terminaron de comer y se pusieron a hacer el bizcocho. Tras unas cuantas risas y después de llenarse de harina casi toda la cara decidieron sentarse.
- ¿Qué narices será esa sorpresa? - preguntó Elena.
- Yo creo que es una fiesta... Tía ¿Ese reloj está en hora? - dijo la invitada señalando un reloj de pared.
- ¡Joder sí! ¡Si no nos damos prisa no llegaremos!
Las dos chicas salieron corriendo tras coger el bizcocho y cambiarse de ropa. Llegaron al Mercadona y se dividieron la lista de manera que en diez minutos ya estuvieran fuera. Cambiaron hasta casa de Ainhoa, no podían correr tan cargadas. Cuando llegaron la música sonaba altísima y un murmullo de gente se escuchaba desde la puerta de la casa de Ainhoa.
- ¡Chicas! Por fin.
Lucía y Elena no tuvieron tiempo para hablar. Su amiga las cogió del brazo y tiró de ellas para dentro.
Las tres amigas se incorporaron a la fiesta.
Cenaron, bailaron y se divirtieron. Pero Elena necesitaba respirar y salir de aquel gentío.
Se sentó en el jardín apoyando la espalda en la valla que limitaba la casa de su amiga.
Respiró hondo.
- Buena forma de disfrutar de una fiesta.
- ¿Mario?
- Me han invitado.
Elena le sonrió.
- Ya lo veo.
- ¿Qué haces aquí? Deberías estar dentro disfrutando.
- Es que necesitaba respirar. Ahí dentro hay mucha gente del instituto que no conozco- explicó la chica-.
- Hola. - Lucía salió sonriente de el salón.
- Me marchó dentro, tengo que ir al baño.
Y entró en la casa guiñandole un ojo a ambos.
- ¿Qué es esa sorpresa?
Le preguntó Lucía a Ainhoa cuando estaban a solas las dos.
- ¡Es una sorpresa!
Elena se acercó a la pareja de amigas mirando el teléfono y dijo:
- Bueno Lu, mis hermanos no están, mi padre trabaja y mi madre acaba de comer y se va ahora asi que comemos solas.
- Bueno, no importa. - sonrió.
- En fin chicas, esta es mi calle.
Llovían besos y abrazos. Despedidas y sonrisas.
Lu y Elena caminaron juntas hasta casa de esta última.
- ¿Pedimos unas pizzas? - preguntó Elena ya en su casa.
- Vale, el baño. ¿Al fondo a la derecha?
Elena asintió con una sonrisa mientras sacaba dos platos y el mantel.
- Oye, luego vamos a comprar las cosas de la lista al mercadona que hay al lado de casa de Ainhoa. Así no tenemos que ir desde aquí hasta allí tan cargadas.
- De acuerdo - opinó Lucía mientras marcaba el número del telepizza -. ¿Pedimos una Barbacoa?
Elena se limitó en asentir.
Las dos se sentaron en cuanto les trajeron las pizzas.
- ¿Crees que a Ainhoa y a Pablo les irá bien?
- ¿Cómo dices? - se disculpó Elena.
- Me gusta Pablo pero no puede haber nunca nada entre nosotros. A veces envidio a Ainhoa por no tener lo que ella tiene.
Elena miró seriamente a su amiga.
- Eso que dices es una estupidez, o sea, qe te guste me parece algo normal pero no puedes envidiar a Ainhoa por salir con él. Ella es tu amiga. Deberías olvidarte de Pablo, en serio.
Lucía asintió. Las dos amigas terminaron de comer y se pusieron a hacer el bizcocho. Tras unas cuantas risas y después de llenarse de harina casi toda la cara decidieron sentarse.
- ¿Qué narices será esa sorpresa? - preguntó Elena.
- Yo creo que es una fiesta... Tía ¿Ese reloj está en hora? - dijo la invitada señalando un reloj de pared.
- ¡Joder sí! ¡Si no nos damos prisa no llegaremos!
Las dos chicas salieron corriendo tras coger el bizcocho y cambiarse de ropa. Llegaron al Mercadona y se dividieron la lista de manera que en diez minutos ya estuvieran fuera. Cambiaron hasta casa de Ainhoa, no podían correr tan cargadas. Cuando llegaron la música sonaba altísima y un murmullo de gente se escuchaba desde la puerta de la casa de Ainhoa.
- ¡Chicas! Por fin.
Lucía y Elena no tuvieron tiempo para hablar. Su amiga las cogió del brazo y tiró de ellas para dentro.
Las tres amigas se incorporaron a la fiesta.
Cenaron, bailaron y se divirtieron. Pero Elena necesitaba respirar y salir de aquel gentío.
Se sentó en el jardín apoyando la espalda en la valla que limitaba la casa de su amiga.
Respiró hondo.
- Buena forma de disfrutar de una fiesta.
- ¿Mario?
- Me han invitado.
Elena le sonrió.
- Ya lo veo.
- ¿Qué haces aquí? Deberías estar dentro disfrutando.
- Es que necesitaba respirar. Ahí dentro hay mucha gente del instituto que no conozco- explicó la chica-.
- Hola. - Lucía salió sonriente de el salón.
- Me marchó dentro, tengo que ir al baño.
Y entró en la casa guiñandole un ojo a ambos.
lunes, 23 de julio de 2012
Once
- ¡Elena come algo! - le dijo Ainhoa a la joven..
- Es que me duele la cabeza y no me entra nada ahora mismo.
- Haber, ¿Qué has desayunado? - preguntó Lucía.
- Eh... Una galleta... - dijo Elena en un tono casi inaudible...
- ¡¿Sólo?! - dijeron las dos chicas al unísono casi gritando.
Elena no hizo caso a sus amigas y cambió de tema.
- ¿Qué es eso de la sorpresa?
- ¡Ah sí! A las siete en mi casa, además como para mañana no habrá deberes os podéis quedar hasta un poquito mas tarde. Elena ¿Puedes hacer un bizcocho para esta tarde? ¿Elena?
- Oye estás palida. - dijo Lu.
Elena no contestaba, tenia la cara pálida. Así en dos segundos se desvaneció cayendo al suelo.
Ainhoa cogió una botella de agua y se la echó por la cabeza,cuando abrió los ojos le metió un caramelo en la boca y la ayudó a levantarse.
-¿Estás bien? - dijo Lucía.
- Sí, me he mareado un poco.
- Comete el caramelo, que en dos horas podremos salir, hoy salimos antes.
Elena asintió y junto a sus amigas se dirigieron a clase.
- Eh... Elena ¿Crees que podrás hacer un bizcocho para esta tarde?
- Sí. ¿Lu vienes a mi casa y me ayudas?
- ¡Claro! Ainhoa, ¿Necesitas algo más?
- ¿Que si necesito?
Ainhoa sacó una hoja pequeña escrita por delante y por detrás.
Las tres amigas caminaron juntas hasta sus mesas y se sentaron. Ainhoa y Lucía empezaron a reir y murmurar. Elena se giró.
- Haber, ¿Que pasa?
- Me parece que esto te pertenece. - dijo la chica morena.
Elena cogió el sobre que le entregó Lucía. Lo abrió y para sus adentros leyó. En cuanto terminó, levantó la vista sonrojada y mirando a las chicas les pidió explicaciones.
- Tranquila, se lo hace a todas las nuevas. - explico la mayor de las tres sonriente.
- Bueno, ¿Que hago con ella?
- La última chica, la quemó.
- ¡No pienso quemarla! Escribiré que no me interesa y se lo dejaré sobre su pupitre.
Elena cogió un bligrafo y escribió: Lo siento pero, no me interesa. Se levantó y la dejó sobre el pupitre de aquel chico que pretendía tener algo con todas las chicas de su edad que llegaban nuevas a su instituto.
- Sentaros. - dijo una joven de unos veinticinco años que venía con un bolso muy bonito y unos libros bajo el brazo.
Todos ocuparon su pupitre y esperaron en silencio a que aquella mujer, que vestía con tanto estilo diese instrucciones de como iba a ir el curso.
- Es que me duele la cabeza y no me entra nada ahora mismo.
- Haber, ¿Qué has desayunado? - preguntó Lucía.
- Eh... Una galleta... - dijo Elena en un tono casi inaudible...
- ¡¿Sólo?! - dijeron las dos chicas al unísono casi gritando.
Elena no hizo caso a sus amigas y cambió de tema.
- ¿Qué es eso de la sorpresa?
- ¡Ah sí! A las siete en mi casa, además como para mañana no habrá deberes os podéis quedar hasta un poquito mas tarde. Elena ¿Puedes hacer un bizcocho para esta tarde? ¿Elena?
- Oye estás palida. - dijo Lu.
Elena no contestaba, tenia la cara pálida. Así en dos segundos se desvaneció cayendo al suelo.
Ainhoa cogió una botella de agua y se la echó por la cabeza,cuando abrió los ojos le metió un caramelo en la boca y la ayudó a levantarse.
-¿Estás bien? - dijo Lucía.
- Sí, me he mareado un poco.
- Comete el caramelo, que en dos horas podremos salir, hoy salimos antes.
Elena asintió y junto a sus amigas se dirigieron a clase.
- Eh... Elena ¿Crees que podrás hacer un bizcocho para esta tarde?
- Sí. ¿Lu vienes a mi casa y me ayudas?
- ¡Claro! Ainhoa, ¿Necesitas algo más?
- ¿Que si necesito?
Ainhoa sacó una hoja pequeña escrita por delante y por detrás.
Las tres amigas caminaron juntas hasta sus mesas y se sentaron. Ainhoa y Lucía empezaron a reir y murmurar. Elena se giró.
- Haber, ¿Que pasa?
- Me parece que esto te pertenece. - dijo la chica morena.
Elena cogió el sobre que le entregó Lucía. Lo abrió y para sus adentros leyó. En cuanto terminó, levantó la vista sonrojada y mirando a las chicas les pidió explicaciones.
- Tranquila, se lo hace a todas las nuevas. - explico la mayor de las tres sonriente.
- Bueno, ¿Que hago con ella?
- La última chica, la quemó.
- ¡No pienso quemarla! Escribiré que no me interesa y se lo dejaré sobre su pupitre.
Elena cogió un bligrafo y escribió: Lo siento pero, no me interesa. Se levantó y la dejó sobre el pupitre de aquel chico que pretendía tener algo con todas las chicas de su edad que llegaban nuevas a su instituto.
- Sentaros. - dijo una joven de unos veinticinco años que venía con un bolso muy bonito y unos libros bajo el brazo.
Todos ocuparon su pupitre y esperaron en silencio a que aquella mujer, que vestía con tanto estilo diese instrucciones de como iba a ir el curso.
jueves, 19 de julio de 2012
Diez
Primer día de clase.
En casa de Elena todo eran problemas.
*No sé que ponerme* La chica miró el reloj. ¡Iba a llegar tarde! Engulló la primera y última galleta que tenía como desayuno y subió mientras continuaba pensando qué ponerse. Se decidió por unos pantalones cortos blancos y una blusa rosa. Se dirigió al cuarto de baño.
- ¡Date prisa que voy a llegar tarde! - le gritó a quien quiera que estuviese dentro del baño.
Bajó las escaleras a toda prisa con sus sandalias nuevas. Como siempre su torpeza la entretuvo unos minutos más con un resbalón que la hizo perder el equilibrio en mitad de las escaleras, pero tenía demasiada prisa, así que mantuvo su cuerpo en pie, y continuó bajando. Entró en el baño del primer piso y se cepilló el pelo. Volvió a subir y en el baño de arriba, por fin libre, se lavó. Bajó de nuevo, cogió las llaves, su mochila y corrió por la calle hasta llegar a su nuevo instituto. No había nadie fuera. Pero había coches. Miró el reloj. *¡Mierda! Llego 10 minutos tarde!* pensó. Ainhoa y Lucía habían previsto que llegaría tarde así que le mandaron un mensaje con unas instrucciones para llegar a su clase. Elena las siguió y llegó tras cinco minutos más a la clase que le correspondía. Por primera vez en toda la mañana se paró y respiró hondo. Se peinó con los dedos el pelo y llamó a la puerta.
- ¿Se puede? - preguntó la chica tímidamente.
Toda la clase se giró y la miró como si fuera una extraña, todos menos Lu y Ainhoa que sonreían cariñosamente y parecían haberle guardado un sitio junto a ellas.
- Claro adelante, ¿Señorita Fernández?
- Sí. ¿Dónde me siento?
- Allí al lado de Lucía.
- Gracias - dijo Elena timidamente.
Elena se acercó a sus amigas y saludó en voz baja, las dos chicas le sonrieron y le pasaron una nota.
Sabíamos que ibas a llegar tarde.
La chica rió para sus adentros y atendió al tutor durante el resto de la mañana. El profesor explicó durante horas los materiales que iban a necesitar, también les dijo que tras el recreo, todos los profesores que iban a dar clase durante el resto del curso iban a pasarse por el aula para explicarles a sus alumnos como iban a llevar sus clases. Los alumnos ya sabían de que iba todo, por lo que Elena se sentía un poco desorientada.
La campana del recreo sonó y las tres amigas se juntaron para bajar a la cafetería, había comida gratis por ser el primer día.
- Bueno Elena, es el último curso. Que sepas que nos alegramos muchísimo de que te vayas a graduar con nosotras. Vamos a sentarnos allí. ¿Sabeis qué estuve ayer con Dani? Mi amigo de la playa ya os he hablado de él.
Lucía y Elena se miraron. ¿Qué narices le pasaba a Ainhoa? No paraba de hablar.
- ¡Eh! ¿De que os reís? - dijo con mueca de enfado.
- ¿Se puede saber por que no paras de hablar? - dijo Lu.
- ¡Es una sorpresa!
El asombro de las dos amigas se convirtió en risas. Después se abrazarón y terminaron de almorzar.
lunes, 16 de julio de 2012
Nueve
- Mira Claudia paso de ti ¿Vale? Cometiste un error y te lo perdoné pero ya no te lo paso más, has jugado conmigo y con lo que sentía por ti así que olvídame. Yo ya he pasado pagina y tu deberías hacerlo también.
- Pero... Yo... Lo siento de verdad, Mario...
- Y te perdono, pero no quiero que volvamos, créeme, te perdono pero lo que hiciste es peor que haberme puesto los cuernos. Tengo que colarte ya. Hasta siempre Claudia, cuídate y no me vuelvas a llamar.
Así Mario terminó con la conversación. Bloqueó y Eliminó el numero telefónico de aquella chica que tanto daño le había hecho.
- Juntémosla con otro chico y el resto que sea esperar. - dijo Elena.
- ¿Es cosa mía es un poco descabellado juntarla con un chico para que se olvide de otro solo porque yo estoy saliendo con ese "otro chico"?
- Mujer es que si lo dices así...
Ainhoa miró fijamente a Elena.
- Gracias por ayudarme. En serio.
- Para eso estoy.
Ambas se sonrieron mutuamente.
- Bueno ¿Y quién va a ser ese chico?
- Mario quiere conoceros ¿Qué te parece él? - propuso la chica castaña/rubia*
*Todavía no me he aclarado con mi color de pelo.
- Pero Mario ¿No te gusta a ti?
- ¡Nooo! Yo le veo como un hermano pero no me gusta. Además esta libre. Así que les reuniremos y les dejaremos a solas.
Entre tanto, Pablo saltaba desde su ventana a la de Lu para ver porque no contestaba al teléfono. En su habitacion La chica estaba tumbada boca abajo.
- Lucía ¿Que te pasa?
- ¿Qué haces aquí? La gente normal entra por la puerta.
- No contestabas al movil y estaba preocupado.
- Estoy bien en serio. - intentó parecer convincente pero no le sirvió de mucho. - Es solo que no me cuentas nada, te estas alejando de mí.
- Está bien, ¿Quieres que te cuente algo? El otro dia en el jardín bese a Ainhoa.
Lucia no cabía en su propio asombro. Ahora entendía por qué su amiga había preguntado...
- Lu ¿Sientes algo por mí?
Lu le dio un puñetazo cariñoso en el hombro y le dijo: - ¿Qué creído te lo tienes no? Ya sabes que nosotros somos buenos amigos.
Pablo abrazó a su amiga y durante el bonito atardecer del día estuvo con algo mas que un amiga, estuvo con una compañera de camino, una que sabía que nunca olvidaría ni la dejaría escapar.
- Y te perdono, pero no quiero que volvamos, créeme, te perdono pero lo que hiciste es peor que haberme puesto los cuernos. Tengo que colarte ya. Hasta siempre Claudia, cuídate y no me vuelvas a llamar.
Así Mario terminó con la conversación. Bloqueó y Eliminó el numero telefónico de aquella chica que tanto daño le había hecho.
- Juntémosla con otro chico y el resto que sea esperar. - dijo Elena.
- ¿Es cosa mía es un poco descabellado juntarla con un chico para que se olvide de otro solo porque yo estoy saliendo con ese "otro chico"?
- Mujer es que si lo dices así...
Ainhoa miró fijamente a Elena.
- Gracias por ayudarme. En serio.
- Para eso estoy.
Ambas se sonrieron mutuamente.
- Bueno ¿Y quién va a ser ese chico?
- Mario quiere conoceros ¿Qué te parece él? - propuso la chica castaña/rubia*
*Todavía no me he aclarado con mi color de pelo.
- Pero Mario ¿No te gusta a ti?
- ¡Nooo! Yo le veo como un hermano pero no me gusta. Además esta libre. Así que les reuniremos y les dejaremos a solas.
Entre tanto, Pablo saltaba desde su ventana a la de Lu para ver porque no contestaba al teléfono. En su habitacion La chica estaba tumbada boca abajo.
- Lucía ¿Que te pasa?
- ¿Qué haces aquí? La gente normal entra por la puerta.
- No contestabas al movil y estaba preocupado.
- Estoy bien en serio. - intentó parecer convincente pero no le sirvió de mucho. - Es solo que no me cuentas nada, te estas alejando de mí.
- Está bien, ¿Quieres que te cuente algo? El otro dia en el jardín bese a Ainhoa.
Lucia no cabía en su propio asombro. Ahora entendía por qué su amiga había preguntado...
- Lu ¿Sientes algo por mí?
Lu le dio un puñetazo cariñoso en el hombro y le dijo: - ¿Qué creído te lo tienes no? Ya sabes que nosotros somos buenos amigos.
Pablo abrazó a su amiga y durante el bonito atardecer del día estuvo con algo mas que un amiga, estuvo con una compañera de camino, una que sabía que nunca olvidaría ni la dejaría escapar.
domingo, 15 de julio de 2012
Ocho
De la mano aún, Elena y Mario llegaron a una playa de arena lisa, en la que el mar hacía escalones con las olas. La chica, cuatro años menor que el chico, miró a Mario, que contemplaba asombrado el Mediterraneo, que con su bonito azul reflejaba el atardecer del Sol.
- ¿Por qué me has traído hasta aquí?
- Porque adoro esta playa.
- Es preciosa.
Los dos amigos se sonríeron. Dos días y ya sentían que se conocían de toda la vida.
- Hagamos un juramento.
Elena miro con gesto interrogante a su acompañante.
- Yo Mario Oitana, juro solemnemente no enseñarle este lugar, nuestro lugar, a alguien sin tu consentimiento. - Yo Elena Fernández, juro solemnemente no enseñarle nuestro lugar, a alguien sin tu consentimiento.
Los dos amigos se sentaron en la arena.
- ¿Eres italiano? - Mi padre. - respondió Mario - Bueno ¿cuando me vas a presentar a esas amigas tuyas?
- El fin de semana que viene hemos quedado en mi casa.
Entre tanto Ainhoa llamaba a Lucía por teléfono.
- ¡Hola enana!
- Holaa
- Oye tenemos que hablar.
- Claro, ¿Que pasa? - preguntó Lu.
- Sin rodeos. ¿Te gusta Pablo?
- Pues... no sé.
- Lucía Rodriguez, dime si te gusta Pablo o no.
- Sí. Me gusta desde hace tiempo pero tengo asegurado que él solo me ve como su amiga. ¿Por qué lo preguntas?
- Porque lo he notado. Tengo que colgar que me llama mi madre. - mintió Ainhoa entristecida.
- Adiós guapa.
Acto seguido de colgar, la chica rubia se vistió y se puso en camino. Durante trinta minutos estuvo esperando al autobús que por culpa de una avería tardó dos horas más en llegar al destino que Ainhoa esperaba. No le importaba el tiempo, tenía que hablar urgentemente con alguien.
Llamó al timbre y esperó a que alguien le abriera. Inmediatamente un chico de unos veinticinco años abrió la puerta.
- Hola, ¿está Elena?
- Sí, pasa acaba de llegar, está en su habitación.
Ainhoa subió los escalones con agilidad y abrió a la puerta al oír a su amiga decir:
-¡Adelante!
- Hola Elena. - dij con voz triste.
- ¿Qué te pasa preciosa?
- Pues en resumen: ayer Pablo me besó, y decidimos no contarselo a nadie porque no sabíamos si Lu sentía algo por él; hace tres horas la he llamado y me ha dicho que sí. Que le quiere. No sé que hacer. Me encanta Pablo pero adoro a Lucía.
Elena se sentó en la cama al lado de su amiga y empezó a pensar. Durante diez minutos hubo un silencio en la habitación, hasta que a la chica más joven de las dos se le ocurrió una solución.
- ¿Por qué me has traído hasta aquí?
- Porque adoro esta playa.
- Es preciosa.
Los dos amigos se sonríeron. Dos días y ya sentían que se conocían de toda la vida.
- Hagamos un juramento.
Elena miro con gesto interrogante a su acompañante.
- Yo Mario Oitana, juro solemnemente no enseñarle este lugar, nuestro lugar, a alguien sin tu consentimiento. - Yo Elena Fernández, juro solemnemente no enseñarle nuestro lugar, a alguien sin tu consentimiento.
Los dos amigos se sentaron en la arena.
- ¿Eres italiano? - Mi padre. - respondió Mario - Bueno ¿cuando me vas a presentar a esas amigas tuyas?
- El fin de semana que viene hemos quedado en mi casa.
Entre tanto Ainhoa llamaba a Lucía por teléfono.
- ¡Hola enana!
- Holaa
- Oye tenemos que hablar.
- Claro, ¿Que pasa? - preguntó Lu.
- Sin rodeos. ¿Te gusta Pablo?
- Pues... no sé.
- Lucía Rodriguez, dime si te gusta Pablo o no.
- Sí. Me gusta desde hace tiempo pero tengo asegurado que él solo me ve como su amiga. ¿Por qué lo preguntas?
- Porque lo he notado. Tengo que colgar que me llama mi madre. - mintió Ainhoa entristecida.
- Adiós guapa.
Acto seguido de colgar, la chica rubia se vistió y se puso en camino. Durante trinta minutos estuvo esperando al autobús que por culpa de una avería tardó dos horas más en llegar al destino que Ainhoa esperaba. No le importaba el tiempo, tenía que hablar urgentemente con alguien.
Llamó al timbre y esperó a que alguien le abriera. Inmediatamente un chico de unos veinticinco años abrió la puerta.
- Hola, ¿está Elena?
- Sí, pasa acaba de llegar, está en su habitación.
Ainhoa subió los escalones con agilidad y abrió a la puerta al oír a su amiga decir:
-¡Adelante!
- Hola Elena. - dij con voz triste.
- ¿Qué te pasa preciosa?
- Pues en resumen: ayer Pablo me besó, y decidimos no contarselo a nadie porque no sabíamos si Lu sentía algo por él; hace tres horas la he llamado y me ha dicho que sí. Que le quiere. No sé que hacer. Me encanta Pablo pero adoro a Lucía.
Elena se sentó en la cama al lado de su amiga y empezó a pensar. Durante diez minutos hubo un silencio en la habitación, hasta que a la chica más joven de las dos se le ocurrió una solución.
Siete
Ainhoa no queria decirle a nadie lo que le paso con Pablo, y es que no estaba muy segura de si Lu sentia algo por ese chico que esperaba que fuese algo mas que su amigo. En su cama tumbada boca arriba contemplaba el techo de su habitación deseando una y otra vez volver a Pablo. Suspiraba recordando aquel maravilloso beso. En otro lado de la ciudad Elena se preparaba para quedar con su nuevo amigo. Se puso sus shorts blancos con una camiseta de rayas grises y azul marino.
En su casa, Lucía hablaba con Pablo. Quien de acuerdo con Ainhoa preferia no decir nada aún.
Entre tanto un chico feliz esperaba sentado en un banco a que una chica que acababa de conocer llegara.
- ¿Si? - Mario contestó a la llamada telefónica que provocó la vibración de su movil.
- Mario...
- ¿Que quieres? - dijo de la forma mas desagradable posible.
- Por favor escuchame, lo que hice fue un error.
- Adiós.
Mario colgó el teléfono y saludó a Elena que acababa de llegar.
- ¿Estás bien? Te noto enfadado...
- No tranquila estoy bien. Te he traido un regalo.
Mario saco de el bolsillo un sobre en papel de regalo.
- Pero yo... Yo no te he traido nada.
El chico rió.
- No te preocupes solo es un agradecimiento por curarme la rodilla y por haber venido.
Elena abrio el sobre y de él sacó un bonito colgante de un corazon de plata con una cadena del mismo material.
- Oh.. Gracias.
La chica abrazó a Mario y en un arrebato de cariño le dió un beso en la mejilla.
- Eres un sol. - dijo recogiendose el pelo mientras el chico sonrojado le ponia el colgante.
- No sé si tienes algo pensado para hacer pero me gustaria enseñarte un lugar.
Mario asintió y se dejó llevar por Elena que le cogió de la mano y le dirigió hacia un lugar muy especial para ella.
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