domingo, 15 de julio de 2012

Ocho

De la mano aún, Elena y Mario llegaron a una playa de arena lisa, en la que el mar hacía escalones con las olas. La chica, cuatro años menor que el chico, miró a Mario, que contemplaba asombrado el Mediterraneo, que con su bonito azul reflejaba el atardecer del Sol.
- ¿Por qué me has traído hasta aquí?
- Porque adoro esta playa.
 - Es preciosa.
Los dos amigos se sonríeron. Dos días y ya sentían que se conocían de toda la vida.
 - Hagamos un juramento.
Elena miro con gesto interrogante a su acompañante.
- Yo Mario Oitana, juro solemnemente no enseñarle este lugar, nuestro lugar, a alguien sin tu consentimiento. - Yo Elena Fernández, juro solemnemente no enseñarle nuestro lugar, a alguien sin tu consentimiento.
Los dos amigos se sentaron en la arena.
- ¿Eres italiano? - Mi padre. - respondió Mario - Bueno ¿cuando me vas a presentar a esas amigas tuyas?
- El fin de semana que viene hemos quedado en mi casa.
Entre tanto Ainhoa llamaba a Lucía por teléfono.
- ¡Hola enana!
- Holaa
- Oye tenemos que hablar.
- Claro, ¿Que pasa? - preguntó Lu.
- Sin rodeos. ¿Te gusta Pablo?
- Pues... no sé.
- Lucía Rodriguez, dime si te gusta Pablo o no.
- Sí. Me gusta desde hace tiempo pero tengo asegurado que él solo me ve como su amiga. ¿Por qué lo preguntas?
- Porque lo he notado. Tengo que colgar que me llama mi madre. - mintió Ainhoa entristecida.
- Adiós guapa.
Acto seguido de colgar, la chica rubia se vistió y se puso en camino. Durante trinta minutos estuvo esperando al autobús que por culpa de una avería tardó dos horas más en llegar al destino que Ainhoa esperaba. No le importaba el tiempo, tenía que hablar urgentemente con alguien.
Llamó al timbre y esperó a que alguien le abriera. Inmediatamente un chico de unos veinticinco años abrió la puerta.
- Hola, ¿está Elena?
- Sí, pasa acaba de llegar, está en su habitación.
Ainhoa subió los escalones con agilidad y abrió a la puerta al oír a su amiga decir:
-¡Adelante!
- Hola Elena. - dij con voz triste.
- ¿Qué te pasa preciosa?
- Pues en resumen: ayer Pablo me besó, y decidimos no contarselo a nadie porque no sabíamos si Lu sentía algo por él; hace tres horas la he llamado y me ha dicho que sí. Que le quiere. No sé que hacer. Me encanta Pablo pero adoro a Lucía.
Elena se sentó en la cama al lado de su amiga y empezó a pensar. Durante diez minutos hubo un silencio en la habitación, hasta que a la chica más joven de las dos se le ocurrió una solución.

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