Sonó la última campana, señal de que el primer día de clase tras un largo e inolvidable verano juvenil habia terminado.
- ¿Qué es esa sorpresa?
Le preguntó Lucía a Ainhoa cuando estaban a solas las dos.
- ¡Es una sorpresa!
Elena se acercó a la pareja de amigas mirando el teléfono y dijo:
- Bueno Lu, mis hermanos no están, mi padre trabaja y mi madre acaba de comer y se va ahora asi que comemos solas.
- Bueno, no importa. - sonrió.
- En fin chicas, esta es mi calle.
Llovían besos y abrazos. Despedidas y sonrisas.
Lu y Elena caminaron juntas hasta casa de esta última.
- ¿Pedimos unas pizzas? - preguntó Elena ya en su casa.
- Vale, el baño. ¿Al fondo a la derecha?
Elena asintió con una sonrisa mientras sacaba dos platos y el mantel.
- Oye, luego vamos a comprar las cosas de la lista al mercadona que hay al lado de casa de Ainhoa. Así no tenemos que ir desde aquí hasta allí tan cargadas.
- De acuerdo - opinó Lucía mientras marcaba el número del telepizza -. ¿Pedimos una Barbacoa?
Elena se limitó en asentir.
Las dos se sentaron en cuanto les trajeron las pizzas.
- ¿Crees que a Ainhoa y a Pablo les irá bien?
- ¿Cómo dices? - se disculpó Elena.
- Me gusta Pablo pero no puede haber nunca nada entre nosotros. A veces envidio a Ainhoa por no tener lo que ella tiene.
Elena miró seriamente a su amiga.
- Eso que dices es una estupidez, o sea, qe te guste me parece algo normal pero no puedes envidiar a Ainhoa por salir con él. Ella es tu amiga. Deberías olvidarte de Pablo, en serio.
Lucía asintió. Las dos amigas terminaron de comer y se pusieron a hacer el bizcocho. Tras unas cuantas risas y después de llenarse de harina casi toda la cara decidieron sentarse.
- ¿Qué narices será esa sorpresa? - preguntó Elena.
- Yo creo que es una fiesta... Tía ¿Ese reloj está en hora? - dijo la invitada señalando un reloj de pared.
- ¡Joder sí! ¡Si no nos damos prisa no llegaremos!
Las dos chicas salieron corriendo tras coger el bizcocho y cambiarse de ropa. Llegaron al Mercadona y se dividieron la lista de manera que en diez minutos ya estuvieran fuera. Cambiaron hasta casa de Ainhoa, no podían correr tan cargadas. Cuando llegaron la música sonaba altísima y un murmullo de gente se escuchaba desde la puerta de la casa de Ainhoa.
- ¡Chicas! Por fin.
Lucía y Elena no tuvieron tiempo para hablar. Su amiga las cogió del brazo y tiró de ellas para dentro.
Las tres amigas se incorporaron a la fiesta.
Cenaron, bailaron y se divirtieron. Pero Elena necesitaba respirar y salir de aquel gentío.
Se sentó en el jardín apoyando la espalda en la valla que limitaba la casa de su amiga.
Respiró hondo.
- Buena forma de disfrutar de una fiesta.
- ¿Mario?
- Me han invitado.
Elena le sonrió.
- Ya lo veo.
- ¿Qué haces aquí? Deberías estar dentro disfrutando.
- Es que necesitaba respirar. Ahí dentro hay mucha gente del instituto que no conozco- explicó la chica-.
- Hola. - Lucía salió sonriente de el salón.
- Me marchó dentro, tengo que ir al baño.
Y entró en la casa guiñandole un ojo a ambos.
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