- ¡Elena come algo! - le dijo Ainhoa a la joven..
- Es que me duele la cabeza y no me entra nada ahora mismo.
- Haber, ¿Qué has desayunado? - preguntó Lucía.
- Eh... Una galleta... - dijo Elena en un tono casi inaudible...
- ¡¿Sólo?! - dijeron las dos chicas al unísono casi gritando.
Elena no hizo caso a sus amigas y cambió de tema.
- ¿Qué es eso de la sorpresa?
- ¡Ah sí! A las siete en mi casa, además como para mañana no habrá deberes os podéis quedar hasta un poquito mas tarde. Elena ¿Puedes hacer un bizcocho para esta tarde? ¿Elena?
- Oye estás palida. - dijo Lu.
Elena no contestaba, tenia la cara pálida. Así en dos segundos se desvaneció cayendo al suelo.
Ainhoa cogió una botella de agua y se la echó por la cabeza,cuando abrió los ojos le metió un caramelo en la boca y la ayudó a levantarse.
-¿Estás bien? - dijo Lucía.
- Sí, me he mareado un poco.
- Comete el caramelo, que en dos horas podremos salir, hoy salimos antes.
Elena asintió y junto a sus amigas se dirigieron a clase.
- Eh... Elena ¿Crees que podrás hacer un bizcocho para esta tarde?
- Sí. ¿Lu vienes a mi casa y me ayudas?
- ¡Claro! Ainhoa, ¿Necesitas algo más?
- ¿Que si necesito?
Ainhoa sacó una hoja pequeña escrita por delante y por detrás.
Las tres amigas caminaron juntas hasta sus mesas y se sentaron. Ainhoa y Lucía empezaron a reir y murmurar. Elena se giró.
- Haber, ¿Que pasa?
- Me parece que esto te pertenece. - dijo la chica morena.
Elena cogió el sobre que le entregó Lucía. Lo abrió y para sus adentros leyó. En cuanto terminó, levantó la vista sonrojada y mirando a las chicas les pidió explicaciones.
- Tranquila, se lo hace a todas las nuevas. - explico la mayor de las tres sonriente.
- Bueno, ¿Que hago con ella?
- La última chica, la quemó.
- ¡No pienso quemarla! Escribiré que no me interesa y se lo dejaré sobre su pupitre.
Elena cogió un bligrafo y escribió: Lo siento pero, no me interesa. Se levantó y la dejó sobre el pupitre de aquel chico que pretendía tener algo con todas las chicas de su edad que llegaban nuevas a su instituto.
- Sentaros. - dijo una joven de unos veinticinco años que venía con un bolso muy bonito y unos libros bajo el brazo.
Todos ocuparon su pupitre y esperaron en silencio a que aquella mujer, que vestía con tanto estilo diese instrucciones de como iba a ir el curso.
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